¿Qué dificultades sufrió Vladímir Maiakovski en la dacha?

Puerta a Rusia (Foto: Sputnik, Ígor Zotin/TASS, Linda Raymond/Getty Images)
Puerta a Rusia (Foto: Sputnik, Ígor Zotin/TASS, Linda Raymond/Getty Images)
El poeta consideraba la dacha como otra fuente de inspiración. Desde 1919 alquiló una casa de verano en Púshkino, cerca de Moscú, y llegó incluso a dedicar varios poemas a esos lugares. El más famoso se titula precisamente ‘La extraordinaria aventura que le ocurrió a Vladímir Maiakovski un verano en la dacha’.

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En una ocasión, Maiakovski ganó 65 rublos en la lotería y decidió gastarlos en un viaje al balneario de Kuokkala (actual Répino, cerca de San Petersburgo). Las dachas locales, situadas junto al golfo de Finlandia, eran muy populares. Descansar allí resultaba caro y el dinero solo le alcanzó para alquilar una habitación. Ya no le quedaba nada para comer.

Pero encontró una solución ingeniosa: hizo amistad con los vecinos y empezó a ir a comer a sus casas.

Así describía él mismo su idea: “He establecido siete amistades gastronómicas. Los domingos ‘me como’ a Chukovski, los lunes a Evreínov, etcétera. El jueves fue peor: me alimento de las hierbas de Répin. Para un futurista de más de dos metros de altura, eso no sirve”.

Por lo visto, el menú vegetariano de la casa del pintor Iliá Répin no le entusiasmó demasiado.