Cinco fincas que marcaron la vida de los grandes escritores rusos
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1. Mijáilovskoye y Alexánder Pushkin
Las Colinas de Pushkin, en la región de Pskov, forman un complejo cultural compuesto por tres grandes fincas vinculadas a la vida del poeta Alexánder Pushkin.
El escritor fue desterrado allí debido a sus poemas de carácter liberal y pasó dos años en Mijáilovskoye. Durante ese período escribió numerosos versos, varios poemas extensos y concibió argumentos para futuras obras.
Casa y espacio de trabajo de Pushkin en Mijáilovskoye
Los paisajes de la zona y las personas que conoció inspiraron muchas escenas de su novela en verso Eugenio Oneguin. En la finca vecina de Trigórskoye conoció a Anna Kern, de quien se enamoró y a quien dedicó uno de los poemas de amor más célebres de la literatura rusa: Recuerdo un instante maravilloso...
2. Yásnaia Poliana y Lev Tolstói
Lev Tolstói nació en esta finca situada en la región de Tula y pasó allí cerca de sesenta años de su vida.
La propiedad había pertenecido originalmente a su abuelo materno, el príncipe Volkonski, que inspiró el personaje del anciano príncipe Bolkonski en Guerra y paz. Fue precisamente en Yásnaia Poliana donde Tolstói escribió esta obra monumental, mientras su esposa, Sofía Andréievna, copiaba una y otra vez los manuscritos incorporando las interminables correcciones del autor.
La casa de Tolstói en Yásnaia Poliana
Aquí también escribió Anna Karénina y muchas otras obras fundamentales.
En esta finca se formaron además sus ideas filosóficas. Tolstói llevaba una vida sencilla, trabajaba en el campo, vestía como un campesino y fundó una escuela para niños de familias humildes. Su inmensa biblioteca y su tumba siguen conservándose en el lugar.
3. Spásskoye-Lutovínovo e Iván Turguénev
No muy lejos de Yásnaia Poliana, en la región de Oriol, se encuentra la finca familiar de Iván Turguénev.
El escritor pasó allí su infancia, aunque de adulto residió gran parte del tiempo en el extranjero. Sin embargo, siempre regresaba durante los meses de verano.
Al igual que Tolstói, fundó una escuela para niños campesinos.
Interior de la casa de Turguénev en Spásskoye-Lutovínovo
En Spáskoye-Lutovínovo escribió algunas de sus novelas más famosas, entre ellas Rudin, Nido de hidalgos, En vísperas y Padres e hijos. Muchas de estas obras transcurren precisamente en fincas rurales semejantes a la suya, hasta el punto de que la expresión «nido de hidalgos» terminó convirtiéndose en un símbolo de las antiguas propiedades nobiliarias rusas.
4. Mélijovo y Antón Chéjov
Aunque Antón Chéjov cambió frecuentemente de residencia y viajó mucho, pasó siete años en esta finca cercana a Moscú, un período conocido como su “etapa de Mélijovo”.
Aquí escribió la obra teatral La gaviota, así como Tío Vania y relatos tan conocidos como La sala número 6, La casa con entresuelo, El hombre enfundado o Las grosellas. En total, más de cuarenta obras surgieron en este lugar.
Sala de recepción de consultas externas en Mélijovo
Pero Chéjov no solo era escritor, también era médico profesional. En una de las dependencias de la finca atendía gratuitamente a los campesinos de la zona y ayudó a combatir una epidemia de cólera.
Interior de la casa de Chéjov en Mélijovo
En 1899, enfermo de tuberculosis, vendió la propiedad y se trasladó a Crimea con la esperanza de que el clima beneficiara su salud.
5. Konstantínovo y Serguéi Yesenin
A diferencia de los anteriores, el museo dedicado a Serguéi Yesenin no se encuentra en una mansión nobiliaria, sino en una modesta casa rural de la región de Riazán.
Yesenin procedía de una familia campesina y gran parte de su poesía está dedicada a la naturaleza rusa: los abedules, los campos de trigo, los ríos y los paisajes rurales. Desde su casa podía contemplar las orillas del río Oká, extensas llanuras y las cúpulas doradas de las iglesias cercanas.
Una capilla en Konstantínovo
En el pueblo existía también una finca perteneciente al comerciante Iván Kulakov, quien fundó una escuela para los niños campesinos. Yesenin estudió allí.
La casa y el jardín de Káshina en Konstantínovo
Más tarde la propiedad pasó a manos de Lidia Káshina. El poeta era un visitante habitual de la mansión y algunos historiadores creen que ambos mantuvieron una relación sentimental. La protagonista de su famoso poema Anna Snéguina estaría inspirada precisamente en ella.