Este es el truco que Mijaíl Bulgákov usaba para escandalizar a los veraneantes

Puerta a Rusia (Foto: Rudolf Kuchérov/Sputnik, Dominio público, Polozovskyy)
Puerta a Rusia (Foto: Rudolf Kuchérov/Sputnik, Dominio público, Polozovskyy)
El autor de ‘El maestro y Margarita’, Mijaíl Bulgákov, era un auténtico maestro de la interpretación. Podía encarnar a cualquier personaje con tal realismo que parecía conocerlo de toda la vida. Y ese talento aparecía en los momentos más inesperados.

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En una ocasión, mientras visitaba la dacha del escritor Konstantín Paustovski, decidió hacerse pasar por un prisionero de guerra alemán atrapado en Rusia tras la guerra. Los invitados pudieron comprobar entonces hasta qué punto llegaba el talento teatral de Bulgákov.

“En la mesa estaba sentado un rubio alemanito que reía torpemente, con los ojos vacíos y vidriosos. Incluso tenía las manos sudorosas. Todos hablaban en ruso y él, por supuesto, no entendía ni una palabra. Pero parecía querer participar en la animada conversación general y fruncía el ceño mientras murmuraba, intentando recordar una sola palabra rusa que conociera. Finalmente se le iluminó el rostro… Bulgákov pinchó el jamón con el tenedor y gritó entusiasmado: ‘¡Sviniá! ¡Sviniá!’ (‘¡Cerdo! ¡Cerdo!’) y estalló en una risa chillona y triunfal”.

Entre los presentes, solo Paustovski conocía bien a Bulgákov; los demás estaban convencidos de que realmente era alemán. Por eso la sorpresa fue enorme cuando, unas horas después y cansado ya de su papel, aquel supuesto “alemán” comenzó de repente a recitar de memoria Eugenio Oneguin de Alexánder Pushkin.