5 libros que dieron esperanza a los rusos durante la Gran Guerra Patria
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1. ‘La hija del capitán’, de Alexánder Pushkin
Esta obra narra la historia de un joven noble enviado a defender una fortaleza cerca de Oremburgo. Allí conoce a la familia del comandante y se enamora de su hija. Mientras se desarrolla su relación, estalla la rebelión de Pugachov; los insurgentes toman la fortaleza y el protagonista, que en una ocasión había recibido ayuda del propio Yemelián Pugachov, se enfrenta a una difícil elección moral entre la fidelidad a su juramento militar y la gratitud humana.
Por supuesto, no es posible comparar el asedio descrito en la novela con acontecimientos como el sitio de Leningrado. Sin embargo, para las personas que vivían la guerra, este libro era extraordinariamente importante por su mensaje moral, al igual que otras obras del gran clásico ruso. En la colección del Museo Estatal Pushkin de Moscú se conserva una reliquia singular: un pequeño volumen de poemas escritos durante los años de liceo de Pushkin, perforado por fragmentos de metralla.
2. ‘Borodinó’, de Mijaíl Lérmontov
La guerra contra la Alemania nazi recibió en ruso el nombre de Gran Guerra Patria precisamente como referencia a la Guerra Patria de 1812 contra Napoleón. El poema de Lérmontov sirvió de puente entre ambas épocas: la hazaña de los antepasados que combatieron a las tropas napoleónicas se proyectaba sobre la de sus descendientes que luchaban contra el ejército de Hitler.
El periódico Pravda informaba el 23 de junio de 1941 de que una unidad soviética había partido hacia el frente occidental cantando Borodinó, interpretándolo como una promesa de permanecer fiel a la patria y resistir hasta el final. En los dos primeros años de guerra, marcados por las derrotas y las retiradas, el poema ofrecía un modelo de conducta claro y esperanzador. Enseñaba a considerar los reveses temporales no como una derrota definitiva, sino como una etapa en el camino hacia una victoria inevitable.
Estas analogías también quedaron reflejadas en el célebre cartel No en vano toda Rusia recuerda..., creado por los Kukriniksi en 1942 dentro de la serie La imagen de los grandes antepasados.
3. ‘Guerra y paz’, de Lev Tolstói
La escritora Lidia Guínzburg recordaba que durante la Gran Guerra Patria todo el mundo releía la novela de Tolstói para “comprobar sus sentimientos”.
En sus Notas de una persona del Leningrado sitiado escribió: “Durante la guerra la gente leía Guerra y paz con avidez para ponerse a prueba a sí misma, no a Tolstói, de cuya comprensión de la vida nadie dudaba. Quien leía se decía: entonces, lo que siento es correcto. Así son realmente las cosas. Quienes aún tenían fuerzas para leer en el Leningrado bloqueado devoraban Guerra y paz. Tolstói habló para siempre del valor y de la persona que participa en la causa común de una guerra popular. También explicó que quienes están inmersos en esa causa común continúan sirviéndola incluso cuando parecen ocupados únicamente con sus propios problemas personales”.
4. Los relatos de Antón Chéjov
Durante la guerra se publicaron numerosas obras clásicas, y Chéjov ocupó uno de los primeros lugares. Sus relatos aparecían en ediciones de bolsillo, impresas en papel de baja calidad y pensadas para ser leídas en el frente.
Historias ya clásicas como Kashtanka, El camaleón, La dama del perrito o Querida eran leídas en las trincheras, los hospitales y la retaguardia, pasando de mano en mano. El humor de Chéjov ayudaba a levantar el ánimo de los soldados.
Además, las compañías artísticas que actuaban cerca del frente representaban regularmente sus vodeviles, como El oso o El aniversario.
5. Relatos y cuentos de Maxim Gorki
La canción del halcón, La canción del petrel, La vieja Izerguil, Infancia, Entre la gente y Mis universidades fueron publicados en enormes tiradas durante los años de guerra.
Sus relatos románticos y leyendas inspiraban a combatir; su trilogía autobiográfica enseñaba resistencia y fortaleza; y sus textos periodísticos ayudaban a comprender los acontecimientos del momento.
En conjunto, estas obras contribuían a elevar la moral, exaltaban el heroísmo y recordaban que, incluso en tiempos de guerra, una persona sigue siendo humana mientras conserve el sentido del honor, del deber y la disposición al sacrificio.