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Los hidronautas olvidados de la URSS: submarinos para pescar en las profundidades

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Cuando se habla de submarinos soviéticos, casi todo el mundo piensa en espionaje, misiles nucleares y Guerra Fría. Sin embargo, la Unión Soviética desarrolló una flota secreta mucho más extraña: submarinos tripulados dedicados… a la pesca y a la investigación marina.

Todo comenzó en 1965, con la creación del Ministerio de Pesca de la URSS. Su objetivo no era militar, sino económico: estudiar bancos de peces, mejorar las redes de arrastre y explorar recursos submarinos. Para ello, como destacan en Istoriya gidronavtiki los soviéticos hicieron algo que prácticamente ningún otro país intentó jamás: utilizar submarinos tripulados para tareas pesqueras y científicas.

Durante los años setenta, como explican en PrivetSochi.ru, aparecieron proyectos sorprendentes. Uno de los más conocidos fue el “Sever-2”, construido por Rubin y capaz de descender hasta 2.000 metros de profundidad. También se desarrollaron laboratorios submarinos como el “Bentos-300”, utilizados en el mar Negro para observaciones biológicas prolongadas.

Los ingenieros soviéticos diseñaron además cámaras submarinas remolcadas, pequeños vehículos de observación y aparatos experimentales con nombres tan peculiares como “Langosta”, “Morsa”, “Arrecife” u “Oceanólogo”.

En 1976 se creó en Sebastopol la base “Gidronaut”, centro de entrenamiento y operaciones de esta singular flota submarina científica. Sus tripulaciones realizaron miles de inmersiones en todos los océanos del planeta: estudiaron el kril antártico en el Pacífico, exploraron cordilleras submarinas en el Índico y localizaron enormes depósitos minerales en el Atlántico.

Los pilotos de estos aparatos vivían una situación curiosa: oficialmente no existía la profesión de “hidronauta”. Eran considerados ingenieros o investigadores, pese a haber pasado decenas de miles de horas bajo el agua.

A finales de los años setenta, la URSS poseía más de 40.000 barcos pesqueros y una enorme infraestructura científica marina. Pero tras la caída de la Unión Soviética todo se derrumbó rápidamente. En los años noventa, gran parte de la flota científica fue vendida y el programa de hidronautas prácticamente desapareció.