Cuando los rusos intentaron expulsar a los turcos de Europa
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En la segunda mitad del siglo XVIII, el Imperio otomano ya no representaba la temible fuerza que había sido anteriormente. Muchos en Europa consideraban que había llegado el momento de acabar con aquel “bastión de barbarie y despotismo”, y la primera en esa lista era la emperatriz rusa Catalina II.
El ‘Proyecto Griego’
Catalina soñaba con la derrota del Imperio otomano y con la “restauración de la antigua Monarquía Griega sobre las ruinas del caído gobierno bárbaro”. Y Rusia debía desempeñar un papel clave en ese proceso.
Catalina II
Contó con el apoyo de destacados intelectuales europeos. El publicista alemán Friedrich Grimm la llamó “emperatriz de Constantinopla”, y Voltaire escribió que “estaba firmemente convencido de que, si alguna vez estaba destinado expulsar a los turcos de Europa, serían expulsados por nadie más que los rusos”.
Tras la brillante victoria de Rusia sobre los turcos en la guerra de 1768-1774, esta idea comenzó a tomar forma concreta. Surgió el llamado “Proyecto Griego”, en el que, además de Catalina, trabajaron activamente su favorito Grigori Potemkin y el secretario de Estado Alexánder Bezborodko.
Según el plan, los turcos debían ser privados por la fuerza de todas sus posesiones europeas. En los territorios de Moldavia, Valaquia y Besarabia (la actual Rumanía) debía surgir el Estado de Dacia. Grecia y Bulgaria liberadas, así como la costa occidental de Anatolia junto con Estambul, pasarían a formar parte de la Monarquía Griega, en la práctica una restauración del Imperio bizantino.
"Alegoría de la victoria de Catalina la Grande sobre los turcos y tártaros"
El trono en Constantinopla estaba destinado a su nieto Constantino, nacido en 1779. Fue por insistencia de la emperatriz que recibió ese nombre en honor al célebre emperador bizantino. Con motivo de su nacimiento se acuñaron medallas con la imagen de la catedral de Santa Sofía y la inscripción “De vuelta a Bizancio”.
El fracaso del proyecto
Catalina promovió activamente la emigración de griegos al territorio del Imperio ruso y formó con ellos unidades militares. Al mismo tiempo, buscó aliados entre las principales potencias europeas para llevar a cabo sus ambiciosos planes.
La candidata más atractiva a sus ojos era la Monarquía de los Habsburgo. En su correspondencia con José II a comienzos de la década de 1780, la emperatriz detallaba las ventajas de implementar el “Proyecto Griego” e incluso le proponía elegir qué territorios le gustaría incorporar a su Estado. Sin embargo, José no se mostró impresionado: le preocupaba más el creciente poder de Prusia.
El gran duque Constantino Pávlovich
Aun así, los austríacos apoyaron a los rusos en la guerra contra los turcos de 1787-1791, pero abandonaron el conflicto antes de la victoria decisiva. Este hecho, junto con la amenaza británica de intervenir del lado de la Puerta, obligó a Rusia a firmar la paz y, pese a sus importantes éxitos en el campo de batalla, a conformarse con ganancias territoriales modestas.
Los discretos resultados de la guerra y la muerte de Potemkin en 1791 enterraron de facto el “Proyecto Griego”. No obstante, Catalina siguió soñando con él hasta el final de sus días. Pocos años antes de su muerte, fantaseaba con cómo sus tropas tomarían Estambul: “Los turcos huirán inmediatamente; allí quedarán hasta 30 mil griegos: he ahí la herencia para el gran duque Constantino Pávlovich”.