Cómo Catalina II aprendió el idioma ruso
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Al nacer, la futura emperatriz recibió el nombre de Sofía Augusta Federica de Anhalt-Zerbst. Era una princesa alemana que desde niña dominaba el alemán y el francés. Cuando fue prometida al heredero del trono ruso (el futuro emperador Pedro III), se tomó muy en serio su futura vida en otro país. Así, cuando llegó por primera vez a Rusia con solo 14 años, ya era capaz de decir algunas palabras en ruso.
Una estudiante aplicada
Los estudios sobre la vida y la actividad literaria de Catalina II muestran que la emperatriz, a pesar de su origen no ruso, se dedicó activamente al autoaprendizaje y estudió el idioma ruso y las particularidades de la cultura nacional cita el portal Gramota.ru a la filóloga Aliona Nikítina, especialista en la personalidad lingüística de la emperatriz rusa.
Nada más llegar a Rusia, a la princesa se le asignó un profesor de lengua rusa: Vasili Adadúrov, creador de una de las primeras gramáticas del ruso.
“Para avanzar más rápido en el ruso, me levantaba de la cama por la noche y, mientras todos dormían, memorizaba los cuadernos que me dejaba Adadúrov”, escribió Catalina en sus memorias.
El aprendizaje del idioma contó con el apoyo de la emperatriz reinante Isabel Petrovna. Catalina recordaba: “Empezó a hablarme en ruso y deseó que yo le respondiera en ese idioma, cosa que hice, y entonces tuvo a bien elogiar mi buena pronunciación”.
Catalina, escritora rusa
Stefano Torelli. Retrato de Catalina II con atuendo ruso.
En ruso, Catalina escribió sus memorias y dejó tanto un legado epistolar (la correspondencia con Potiomkin y otros estadistas) como literario: cuentos, poemas y dramas.
No solo hablaba bien el ruso (aunque, según los contemporáneos, con acento alemán), sino que también estudiaba el eslavo antiguo, las crónicas y el folclore. Podía utilizar en el habla y en la escritura palabras y expresiones arcaicas junto con giros coloquiales del lenguaje popular, con el fin de ser lo más cercana y comprensible posible para el pueblo.
Además, recurría a un enfoque creativo, rompía cánones y utilizaba con elegancia el juego lingüístico (por ejemplo, en una carta a su favorito Potiomkin lo amenazaba en broma: “te castigaré con un beso directamente en los labios”).
El idioma como elemento de la política
Catalina consideraba que la filología estaba inseparablemente ligada a la historia y la política, y que para la educación patriótica del imperio era necesario seguir un camino propio y original.
Pensaba que el idioma ruso necesitaba ser “purificado”, tanto de la excesiva influencia extranjera (en la corte muchos se comunicaban entonces en francés y alemán) como de construcciones antiguas demasiado incomprensibles.
La emperatriz también hizo mucho por el desarrollo del ruso. En 1783 fundó una sociedad libre de eruditos y escritores, conocida como la Academia Rusa. Mientras la Academia de Ciencias se ocupaba de las ciencias exactas, esta institución investigaba el idioma ruso y trabajaba en la elaboración de un conjunto de normas. Bajo su auspicio apareció uno de los primeros diccionarios explicativos del ruso y se introdujo en el uso la letra Ё.