7 cosas que (probablemente) no sabías sobre la emperatriz Anna Ioánovna
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1. Estuvo casada solo unos meses
Pedro I eligió como esposo para su sobrina de 17 años, Anna Ioánovna (hija del zar Iván V) al duque de Curlandia Federico Guillermo III. La boda se celebró en noviembre de 1710 y el propio emperador sostuvo la corona sobre la novia. Pero la felicidad duró poco más de dos meses: sin haberse alejado siquiera 50 km de San Petersburgo, Federico murió a causa de una borrachera descontrolada. Pedro ordenó a la joven viuda trasladarse a Curlandia, donde permaneció hasta 1730.
2. Pudo convertirse en la primera monarca constitucional
En 1730 murió Pedro II, el último descendiente directo por línea masculina de los Románov. El Consejo Supremo Secreto, que en la práctica gobernaba el país, decidió ofrecer el trono a una heredera por línea femenina: Anna Ioánovna. Pero con condiciones. La futura emperatriz debía firmar las llamadas Condiciones, que limitaban su poder. Entre ellas figuraban prohibiciones para declarar o poner fin a guerras, introducir nuevos impuestos, otorgar altos cargos o gastar fondos del tesoro por decisión propia. Además, no podía casarse ni designar heredero sin el consentimiento del Consejo, que también conservaba el control del ejército.
Sin embargo, la Guardia (la élite del ejército ruso, compuesta en su mayoría por nobles) se opuso. Anna Ioánovna rompió las Condiciones y la Guardia le juró lealtad como monarca autócrata.
3. Devolvió la capital a San Petersburgo
Su predecesor, Pedro II, tras ser coronado en Moscú no regresó a San Petersburgo. Hasta su muerte, la corte (y por tanto la capital) permaneció en Moscú. Al ascender al trono, Anna Ioánovna ordenó preparar la ciudad del Nevá para el regreso de la corte. En 1732, la emperatriz entró solemnemente en San Petersburgo.
4. Impuso la moda del lujo
Durante su reinado se puso de moda en la corte el llamado “lujo pesado”. Que su gobierno estaría marcado por la ostentación quedó claro ya en la coronación: el vestido de la emperatriz fue confeccionado con brocado lionés. La Gran Corona fue adornada por maestros rusos con 2.500 diamantes y una enorme espinela.
Las joyas eran su gran pasión. Con su taza de café matutina podía pasar largo tiempo contemplando y ordenando sus tesoros, o ir a observar el trabajo de los joyeros. Una de sus adquisiciones más famosas fue un juego de tocador de oro: maestros de Augsburgo fabricaron 46 piezas (frascos, cofres, bandejas, teteras y cafeteras) a partir de 40 kilos de oro.
En la corte se volvió habitual vestir trajes y casacas de colores brillantes y estridentes, y era impensable presentarse dos veces con el mismo atuendo. Según el poeta Antiój Kantemir, los caftanes de los dandis de la época costaban fortunas: “una aldea entera”. Los contemporáneos escribían: “Generosa hasta el derroche, ama la pompa hasta el exceso, por lo que su corte supera en esplendor a todas las demás europeas”.
5. Le encantaba la caza
¡La emperatriz tenía siempre a mano… un par de rifles cargados! Adoraba la caza, era una excelente tiradora y, por aburrimiento, podía empezar a disparar a los pájaros que volaban frente a las ventanas de sus aposentos. Para no perder práctica, en invierno entrenaba en el palacio disparando a la luz de las velas contra un tablero negro con un blanco dibujado.
6. Impulsó la educación y la ciencia
Bajo Anna Ioánovna se fundó el Cuerpo de Cadetes de la Nobleza Terrestre, la primera institución militar para nobles; una escuela para la formación de funcionarios y un seminario adscrito a la Academia de Ciencias. En 1733 instituyó la policía, que apareció en todas las grandes ciudades.
Además, la emperatriz se interesaba vivamente por la historia y las tradiciones del país. Durante su reinado tuvo lugar la Gran Expedición del Norte, cuyos participantes exploraron la costa ártica de Siberia y buscaron rutas marítimas hacia Japón y América. También encargó a la Academia de Ciencias estudiar los pueblos de Rusia: su número total, las etnias y sus costumbres.
7. Era rencorosa y le gustaban las bromas crueles
Anna Ioánovna no olvidaba fácilmente las ofensas. A los miembros del Consejo Supremo Secreto (los Golitsin y los Dolgorúkov) los envió al exilio o los mandó ejecutar. Temiendo ser derrocada, creó la Cancillería Secreta de Asuntos de Investigación. En diez años, unas 20.000 personas fueron desterradas y alrededor de mil, ejecutadas.
Los cortesanos sufrían castigos por la menor falta. Al poeta Trediakovski, por ejemplo, le dio bofetadas después de que, de rodillas, le leyera una de sus obras. A damas de honor que cantaban durante mucho tiempo para dormirla y osaron quejarse del cansancio, las envió a trabajar a la lavandería.
En 1740, por orden de la emperatriz, se construyó un Palacio de Hielo directamente sobre el Nevá helado, no menos lujoso que los palacios de la capital. Anna Ioánovna lo eligió como escenario para la boda del príncipe Mijaíl Golitsin y la bufona de la corte Avdotia Buzhenínova, como burla y castigo. Antes había sabido que el príncipe se había casado con una extranjera, se había convertido al catolicismo y ocultaba a su esposa en Moscú. Ordenó que Golitsin acudiera de inmediato a San Petersburgo, anuló el matrimonio, lo incluyó entre los bufones de la corte y, finalmente, lo casó con la bufona.