Cuando una ventisca inspiró a Alexander Blok
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Según el argumento, una patrulla de la milicia popular formada por doce hombres recorre Petrogrado, envuelta en una tormenta de nieve. El propio poeta contaba que le gustaba pasear de noche por la ciudad durante el mal tiempo invernal, “cuando el viento desgarra y sacude todo a su alrededor, cuando los copos de nieve ciegan los ojos”. Fue precisamente durante uno de esos paseos cuando se le ocurrió la idea del poema.
“El viento balancea con tanta fuerza los pesados faroles colgantes que parece que en cualquier momento se soltarán y se harán añicos. Y la nieve gira cada vez con más intensidad, cubriendo los postes de nieve. La ventisca no tiene a dónde ir en las calles estrechas: se agita en todas direcciones, acumulando fuerzas para salir a un espacio abierto. Pero no hay espacio. La ventisca gira, formando un velo blanco a través del cual todo lo que la rodea pierde sus contornos y parece desdibujarse”.
En ese momento, Blok vio en uno de los callejones una mancha (tal vez una bandera o un cartel arrastrado por el viento). “La mancha clara crece rápidamente, se vuelve enorme y de pronto adquiere una forma indefinida, transformándose en la silueta de algo que camina o flota en el aire”. Fascinado, la observó sin poder apartar la mirada: “Detrás de aquello enorme se me aparecieron los Doce y Cristo”, confesaba el poeta.