¿Por qué en la antigua Rusia se metían RANAS en la leche?

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Antiguamente, antes de que existieran los frigoríficos, la gente metía en ocasiones una rana viva en la leche.

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Esta práctica fue documentada por los etnógrafos incluso en el siglo XIX. En el célebre diccionario de Vladímir Dal, en la entrada correspondiente a “frío” (“jolod”), aparece el término “jolodena”, que significa “rana”, y se señala que en San Petersburgo “metían ranas en la leche destinada a la venta para evitar que se agriara”. Se creía que la fría piel del anfibio ayudaba a enfriar el líquido y, de este modo, retrasaba durante un poco más de tiempo su deterioro.

Sin embargo, los científicos han demostrado que lo importante no es la temperatura de la rana, sino la composición química de la mucosidad que recubre su piel, rica en péptidos que actúan como antibióticos naturales. Estas sustancias inhiben el crecimiento de las bacterias responsables de que la leche se agrie, prolongando así su “frescura”.

No obstante, este método presentaba importantes inconvenientes: solo retrasaba el proceso durante un breve periodo de tiempo, no ofrecía ninguna garantía y, sencillamente, era poco higiénico.