Cuando el rey noruego Harald el Despiadado sedujo con poemas a la hija de Yaroslav el Sabio
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En 1031, Harald, de 16 años, llegó a Kiev con su séquito a la corte de Yaroslav el Sabio, después de que su medio hermano, el rey noruego Olaf el Santo, muriera en la batalla de Stiklestad. El príncipe de Kiev puso al joven al mando de la defensa de las fronteras. Según las crónicas, Harald pidió la mano de la hija del gobernante de la Rus, Elisaveta, pero recibió una negativa cortés, con la posibilidad de repetir su propuesta más adelante. Además, en aquel momento la “novia” era todavía una niña.
Harald partió en busca de gloria y riquezas. Hacia 1034 marchó con su séquito a Constantinopla, donde entró al servicio del emperador bizantino. En diez años participó en 18 grandes batallas: combatió en Sicilia, Bulgaria y Asia Menor. En sus propias visur (poemas escáldicos), describía sus habilidades: montar a caballo con destreza, nadar, esquiar, manejar la lanza y el remo, luchar cuerpo a cuerpo e incluso tocar el arpa.
Todo el botín y el salario los enviaba a Kiev para que Yaroslav los guardara. Durante ese tiempo compuso su famoso ciclo poético llamado Las vísas de la alegría. Cada estrofa terminaba con una queja de que sus hazañas no conmovían el corazón de Elisaveta.
Regresó a la Rus hacia 1042-1043 como guerrero célebre y hombre rico. Aproximadamente un año después, por fin se celebró la boda de Harald y Elisaveta. En 1046 se convirtió en rey de Noruega y gobernó hasta su muerte en el campo de batalla en 1066. Elisaveta le dio dos hijas: María e Ingigerd.