El ‘Ciento de Iván’: así surgió la primera gran hermandad de mercaderes de la antigua Rus

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Formaban parte de ella los “comerciantes de cera” más ricos e influyentes de Nóvgorod el Grande, es decir, mercaderes dedicados al comercio de este producto. En la Edad Media, la cera tenía un enorme valor: se utilizaba para fabricar velas, encerar los suelos de las casas de los ricos y elaborar medicamentos. En Europa Occidental, la cera rusa era muy apreciada por su calidad y su precio relativamente bajo.

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La hermandad mercantil conocida como el “Ciento de Iván” surgió en la década de 1130 en torno a la iglesia de San Juan Bautista, también conocida como la iglesia de “Iván en Opoki”, de donde procede su nombre. El templo servía como centro espiritual de la corporación, mientras que sus sótanos se utilizaban para almacenar mercancías y como sala de reuniones. Allí se elegía a los responsables de la hermandad, que dirigían sus asuntos y presidían los tribunales mercantiles.

La cuota de ingreso en la hermandad era de 50 grivnas, aproximadamente 10 kg de plata. Además, el mercader debía donar unas 20 grivnas para el mantenimiento de la iglesia de San Juan. Una vez admitido en la organización, uno se convertía en “mercader de pleno derecho”, es decir, en alguien que había pagado la correspondiente tasa, y recibía un cinturón de oro. Pero lo mejor era que podía transmitir por herencia tanto su título como su pertenencia a la hermandad.

Quienes infringieran los estatutos de la organización y “ofendieran la casa del gran y santo Iván” se exponían a “las tinieblas, la tentación y el castigo de Dios”. Sin embargo, no se conocen casos sonados de expulsión de miembros por mala conducta.

La hermandad monopolizó el comercio de cera con Escandinavia y la Hansa, la poderosa alianza de ciudades comerciales de Europa Occidental. Los mercaderes de Pólotsk, Smolensk y otras ciudades de la Rus pagaban un impuesto sobre la cera. Con el tiempo, la organización amplió sus actividades y comenzó a comerciar también con estaño, plomo y hierro.

El “Ciento de Iván” gozaba de gran respeto e influencia en Nóvgorod el Grande. Participaba en el gobierno de la ciudad y los eclesiásticos más destacados consideraban un honor oficiar servicios religiosos en su iglesia. Cada año, el 24 de julio, los comerciantes de cera celebraban su festividad con un gigantesco banquete que duraba tres días.

La hermandad existió con éxito durante varios siglos y entró en decadencia después de que la República de Nóvgorod fuera incorporada por Moscú en 1478.