¿Por qué en la antigua Rusia enterraban… moscas?

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En otoño, en las aldeas rusas podía verse una procesión fúnebre bastante peculiar. En lugar de un ataúd, los participantes llevaban… ¡una calabaza! Y en su interior descansaba una mosca. ¿En qué consistía este extraño ritual?

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La mosca, que también podía ser sustituida por un mosquito o una cucaracha, recibía sepultura con todos los honores. Por lo general, en la ceremonia participaban mujeres. Una de ellas vestía una indumentaria parecida a la de los sacerdotes y, en lugar de un incensario, llevaba una olla con resina. Las demás golpeaban utensilios domésticos para imitar el sonido de las campanas y entonaban fuertes lamentos fúnebres.

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Este ritual se celebraba en otoño, entre mediados de septiembre y mediados de octubre, por varias razones.

En primer lugar, se creía que, al enterrar un insecto, se conseguiría acabar con todos los demás que molestaban en las casas.

En segundo lugar, existía la creencia de que las moscas, los mosquitos y otros insectos alados eran las almas de los antepasados, a las que había que devolver al mundo de los muertos.

Y, por último, el “funeral” de la mosca simbolizaba una peculiar despedida de la estación cálida y la llegada definitiva del otoño.