DB-A, el bombardero soviético que debía sustituir al veterano TB-3
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El nuevo avión representaba un importante salto tecnológico. Frente al característico revestimiento corrugado del TB-3, el DB-A empleaba un fuselaje semimonocasco de superficie lisa, disponía de tren de aterrizaje parcialmente retráctil, cabinas cerradas y un gran compartimento interno para bombas. Este podía albergar hasta 3.000 kg, a los que podían añadirse otros 2.000 kg bajo las alas.
Equipado inicialmente con cuatro motores M-34RN, durante las pruebas demostró unas prestaciones claramente superiores a las del TB-3. Incluso podía continuar volando con tres motores, alcanzando en esas condiciones una velocidad máxima de 292 km/h.
Sin embargo, también aparecieron numerosos problemas de estabilidad y control que obligaron a introducir continuas modificaciones.
El DB-A alcanzaría la fama por una razón mucho más dramática. Uno de los aparatos fue transformado en el N-209 para intentar un vuelo de larga distancia entre Moscú y Norteamérica pasando por el Polo Norte. El 12 de agosto de 1937 despegó para aquella aventura al mando del célebre aviador Sigizmund Levanevski.
El N-209 nunca llegó a su destino. Su desaparición en el Ártico, como explican en Airwar.ru, junto con toda su tripulación, convirtió al DB-A en protagonista de uno de los grandes misterios de la historia de la aviación soviética.