GW2RU
GW2RU

¿Por qué todas las campesinas soñaban con trabajar como nodriza en la Rusia zarista?

Galería Tretiakov
Con la leche, el balbuceo, las canciones y las rimas infantiles de las nodrizas campesinas, se inculcaban rasgos del carácter ruso en nobles, grandes duques e incluso futuros emperadores.

Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!

“Entre los comerciantes adinerados, tener una nodriza se considera una señal de buenos modales, igual que poseer un piano o buenos caballos”, describía la Enciclopedia de educación y crianza familiar de 1908. Y mucho antes de que la clase mercantil adoptara esta costumbre, las nodrizas ya eran invitadas a las familias reales y nobles.

En la alta sociedad del Imperio ruso se consideraba de buen tono confiar al recién nacido al cuidado de una nodriza y una niñera inmediatamente después del parto. La explicación generalmente aceptada era que así la mujer no perdería su forma física y podría volver pronto a la vida social activa. Sin embargo, la razón práctica era mucho más fisiológica: la lactancia impedía un nuevo embarazo. Y dado que la mortalidad infantil era alta, para garantizar la continuidad del linaje familiar y, especialmente, la sucesión al trono, una mujer debía dar a luz al siguiente heredero lo antes posible.

Dominio público

Por ejemplo, cuando María Alexándrovna, esposa del gran duque Alexander Nikoláievich, dio a luz a una hija en 1842 y expresó su deseo de amamantarla, el emperador Nicolás I se lo prohibió categóricamente. Y cuando la gran duquesa María Pávlovna, esposa del gran duque Vladímir Alexándrovich, fue la primera en amamantar personalmente a su hijo tras su nacimiento en 1875, esto causó perplejidad en la nobleza y se comentó en los salones como una excentricidad.

Mientras que en los siglos XVI al XVIII las nodrizas solían ser esposas de boyardos con apellidos ilustres y, en el siglo XVIII, podían ser mujeres de servidores palaciegos, en el siglo XIX únicamente mujeres campesinas ejercían como nodrizas de niños de alta cuna. El uso de nodrizas campesinas adquirió además una justificación ideológica. Durante la famosa tríada de «ortodoxia, autocracia y nacionalidad», la nodriza campesina pasó a encarnar precisamente la “nacionalidad”: el vínculo del zar con sus súbditos comunes.

Dominio público

Cómo eran seleccionadas

Para ponerlo en contexto, convertirse en nodriza de un niño de alto rango era más difícil que conseguir un puesto en la administración pública. El proceso de selección comenzaba principalmente en “aldeas nodrizas” especiales, donde se vigilaban la salud y la moral de los habitantes y se evitaba la presencia de personal militar. De decenas de candidatas, solo dos o tres llegaban al palacio.

Los criterios eran estrictos: edad entre 20 y 35 años, buena salud física, aspecto agradable y haber dado a luz hacía entre seis y siete semanas. Los médicos examinaban la piel, el color de las encías y la blancura de los dientes. Se prefería a las mujeres de cabello claro; las pelirrojas, en cambio, eran rechazadas sin excepción, ya que se creía que tenían mal carácter. También se exigían un temperamento tranquilo y alegre, amabilidad y “capacidades mentales desarrolladas”. La leche de la nodriza se analizaba por su contenido graso (debía ser medio) y por su cantidad: una producción insuficiente era motivo de despido inmediato. También se examinaban y se “pesaban” los pechos de la nodriza colocándolos en la palma de la mano.

Cómo vestían

La tradición de que las nodrizas vistieran sarafán y tocado kokóshnik surgió en la corte imperial a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. No se trataba simplemente de un traje folclórico, sino de un uniforme oficial que subrayaba la conexión directa del monarca con el pueblo. Sin embargo, el sarafán tradicional se confeccionaba con terciopelo o damasco caros y el kokóshnik estaba ricamente decorado. Durante el reinado de Nicolás I, la nodriza con traje popular se convirtió en una encarnación viva del vínculo del zar con su pueblo.

Cómo era su servicio

Una vez en el palacio, la mujer campesina cambiaba no solo su propia vida, sino también la de su familia. Por término medio, permanecía al cuidado constante del niño durante un año, a veces más, a menudo sin derecho a ver a sus propios hijos. Pero este servicio ofrecía beneficios y un estatus de por vida sin precedentes. Las nodrizas recibían un salario anual de la familia empleadora, que podía alcanzar los 800 rublos, y una pensión vitalicia de 600 rublos al año. A modo de comparación, una indemnización única (de hasta 860 rublos) era casi equivalente al salario anual de un jefe de departamento estatal.

Dominio público

Además, se les concedía una dote generosa (ropa, telas, relojes), joyas bastante costosas y regalos en efectivo regulares en las festividades. El tesoro construía casas para las antiguas nodrizas imperiales según proyectos especiales. Sus familias incluso quedaban exentas del pago de rentas y de impuestos, y sus hijos solían ser admitidos en instituciones educativas a expensas del Estado.

El propio hijo de la nodriza se convertía en hermano o hermana de leche del descendiente real. Estos vínculos se mantenían durante décadas. Por ejemplo, Nicolás I pagó asignaciones a los hijos de su nodriza, Efrosinia Yérshova, durante más de 50 años.

¿Cuál fue su influencia?

De la nodriza, el niño escuchaba por primera vez el habla rusa, cuentos populares, rimas y canciones. Existen testimonios de una relación especialmente afectuosa entre Alejandro III y su nodriza, Ekaterina Luzhnikova. El emperador le permitía tutearlo y reprenderlo por sus excesos.

Dominio público

Con la desaparición de esta tradición tras la Revolución bolchevique de 1917, se rompió uno de los hilos que conectaban mundos muy distintos dentro de un mismo país. Como escribió en su día el historiador Ígor Zimín, una simple campesina, al criar a un futuro autócrata, le inculcaba aquello que más tarde se llamaría la enigmática “alma rusa”.