Así ayudó la URSS a China en su guerra contra Japón

Dominio público Tanques soviéticos T-26 en China.
Dominio público
En gran medida gracias a los tanques, aviones, especialistas militares y asesores soviéticos, los chinos resistieron en la etapa inicial, la más dura de la guerra contra los japoneses. Los pilotos, apodados “la espada de la justicia”, generaron un respeto especial en China.

Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!

En julio de 1937 comenzó una larga y sangrienta guerra entre la República de China y el Imperio japonés.

En solo unos meses, las tropas mejor preparadas y mejor equipadas del “país del sol naciente” infligieron una serie de graves derrotas al Ejército Nacional Revolucionario y ocuparon un territorio chino significativo, incluyendo ciudades importantes como Beiping (Pekín) y Tianjin.

En Moscú se observaban con preocupación los éxitos de Japón, ya que lo veían como una amenaza potencial para el Lejano Oriente soviético. Así que cuando el líder del partido gobernante Kuomintang, el mariscal Chiang Kai-shek, hizo un llamado a las potencias mundiales para pedir ayuda, la URSS fue la primera en responder.

Sin embargo, el Kremlin no estaba preparado para formalizar una unión militar con China, como deseaba el mariscal, ni para entrar en un conflicto armado abierto contra Tokio. Para apoyar a su vecino del sur, el 21 de agosto de 1937, la Unión Soviética firmó un tratado de no agresión con China.

Después de eso, la URSS comenzó con la llamada Operación Zet, con la que brindaría a China asistencia militar integral.

Dominio público / undefined Un soldado del Ejército Chino.
Dominio público / undefined

Moscú otorgó al Kuomintang varios préstamos preferenciales, que se utilizaron para la compra de equipo militar y armamento. Durante varios años, la URSS suministró a los chinos casi 1.300 cazas, bombarderos y aviones de entrenamiento, 1.600 piezas de artillería, 82 tanques T-26, 14.000 ametralladoras, 110.000 rifles y municiones.

Los suministros llegaban a través de la Asia Central Soviética a Xinjiang, y desde allí se distribuían en el interior del país. Para ello, la URSS reparó carreteras antiguas y construyó nuevas, así como aeródromos en las regiones fronterizas chinas.

En 1939, cerca de la ciudad de Urumqi comenzó a funcionar una fábrica de aviones soviética, que en unos pocos años produjo más de 100 cazas I-16 para el Ejército Nacional Revolucionario.

Dominio público / undefined I-16 de la Fuerza Aérea China.
Dominio público / undefined

Para aumentar la capacidad de combate de las fuerzas chinas, Moscú envió a China a sus especialistas y consejeros militares. Ocupaban puestos en las unidades de infantería, artillería y partes de tanques del ejército chino, así como ayudaban a establecer la logística, las comunicaciones y el trabajo de los médicos militares.

En las fuerzas del Kuomintang, los asesores militares incluían al futuro mariscal de las tropas de tanques Pável Rybalko, al futuro mariscal de artillería Konstantin Kazakov, así como a Andréi Vlásov, quien cambió de bando durante la Segunda Guerra Mundial y se convirtió en líder del movimiento colaboracionista ruso.

El comandante del 62.º ejército, que defendió Stalingrado en terribles batallas en 1942, Vasili Chuikov, ocupó durante un tiempo el cargo de principal consejero militar del comandante en jefe del ejército chino, el mariscal Chiang Kai-shek.

Sputnik / undefined Vasili Chuikov
Sputnik / undefined

De los cuatro mil especialistas militares enviados a China, la gran mayoría fueron pilotos, ingenieros de aviación y técnicos. Alrededor de tres mil quinientos. Mientras unos de ellos entrenaban a sus colegas chinos a volar en aviones soviéticos, otros participaron como voluntarios en las batallas. 14 de ellos se convirtieron en Héroes de la Unión Soviética, y 211 perdieron la vida.

Con una abrumadora superioridad numérica de la aviación del ejército imperial, los pilotos soviéticos de caza debían despegar de 4 a 5 veces al día para proteger las ciudades chinas. Los japoneses pronto se dieron cuenta de que ahora se enfrentaban en el cielo a un oponente peligroso y hábil.

Sputnik / undefined Pilotos soviéticos en el avión de combate I-16 en los cielos de China.
Sputnik / undefined

Los cazas soviéticos I-15 e I-16 (apodados “Golondrinas” por los chinos) se desempeñaron excelentemente durante los bombardeos a Nankín, y los bombarderos SB llevaron a cabo exitosas incursiones en las bases aéreas enemigas cerca de Shanghái y en barcos japoneses en el río Yangtsé.

"Los japoneses se volvieron más cautelosos y las lecciones aprendidas, como se dice, resultaron útiles. Ya no avanzaban a la carga, confiando en la superioridad numérica, actuaban de manera más ingeniosa y engañosa. Abandonaron la táctica convencional, comenzaron a ser mucho más 'respetuosos' con el enemigo. Aprendieron a reconocer en el aire nuestras 'Golodrinas' y en combate uno a uno preferían no enfrentarse a ellas”, recordaría el teniente coronel Dmitri Kudímov.

Sputnik / undefined Pilotos soviéticos en bombarderos TB-3 en el cielo chino.
Sputnik / undefined

El 23 de febrero de 1938, un grupo de bombarderos SB bajo el mando del capitán Fiódor Polinin realizó un sensacional ataque aéreo en la base aérea de Matsuyama en la isla Formosa (Taiwán). Los japoneses estaban completamente seguros de que era inaccesible para la aviación enemiga.

Durante siete horas, 28 bombarderos volaron mil kilómetros sin cobertura de cazas. Para gastar menos combustible, el grupo aéreo voló a una altitud de alrededor de 5.000 km.

Foto de archivo / undefined Fiódor Polinin
Foto de archivo / undefined

Careciendo de máscaras de oxígeno, los pilotos estuvieron al límite de sus fuerzas durante todo el vuelo debido a la falta de oxígeno. "El corazón late acelerado, la cabeza da vueltas, me vence el sueño... y aquí se puede contar solo con la propia resistencia física", recordó Polinin.

Como resultado de la incursión, se destruyeron 40 aviones enemigos, se incendiaron hangares y un suministro de combustible de tres años. El gobernador de Formosa fue destituido, y el comandante de la base aérea de Matsuyama se quitó la vida.

Anatoly Serguéiev-Vasíliev/Sputnik / undefined Bombardero SB.
Anatoly Serguéiev-Vasíliev/Sputnik / undefined

Desde la primavera de 1939, las tropas del Distrito Militar del Lejano Oriente recibieron instrucciones de suministrar en secreto a los partisanos chinos de Manchuria armas, municiones, alimentos y medicamentos. A menudo, los grupos partisanos que habían sido derrotados por los japoneses encontraban refugio precisamente en la URSS.

Los partisanos chinos y coreanos que se encontraron así en territorio soviético fueron incluidos en la 88.ª brigada de fusileros independiente bajo el mando de Zhou Baozhu, formada en caso de una guerra soviético-japonesa. Uno de los batallones fue comandado por el futuro líder norcoreano Kim Il Sung.

Archivo Estatal Ruso de Literatura y Arte/russiainphoto.ru / undefined Román Karmen filmando a un partisano chino.
Archivo Estatal Ruso de Literatura y Arte/russiainphoto.ru / undefined

El armamento soviético y los especialistas militares brindaron una gran ayuda a China en el periodo inicial, el más difícil de la guerra, mejorando la capacidad de combate del ejército chino y su moral, así como permitiendo reconstruir la aviación destruida.

En 1941, la URSS comenzó a reducir gradualmente la ayuda al Kuomintang. Esto estuvo relacionado con el deterioro de las relaciones entre el gobierno de Chiang Kai-shek y los comunistas de Mao Zedong, así como con el pacto de neutralidad soviético-japonés firmado en abril.

Cuando el 22 de junio las tropas nazis invadieron el territorio de la URSS, el Kremlin ya no pudo prestar atención a China.

Vmenkov (CC BY-SA 3.0) / undefined Monumento a los pilotos soviéticos en Wuhan.
Vmenkov (CC BY-SA 3.0) / undefined
<