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¿Cómo imaginaban el futuro los escritores rusos y soviéticos?

No solo los astrólogos predicen el futuro. Estos autores también miraron dentro de su propio “cristal mágico”.

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A los escritores rusos se les puede dividir, de forma general, en “optimistas” y “pesimistas”. Los primeros veían en el futuro el progreso tecnológico, la armonía social y el florecimiento de la personalidad. Los segundos, lo mismo, pero en negativo.

1. Nikolái Chernishevski '¿Qué hacer?' (1863)

Puerta a Rusia (Foto: Dominio público)

La novela en sí no es de ciencia ficción: su acción transcurre a mediados del siglo XIX. Pero uno de sus fragmentos es claramente futurista. Juzga tú mismo.

Un tutor privado de ideas avanzadas llamado Lopujov contrae un matrimonio ficticio con una joven llamada Vera Pávlovna para salvarla de la presión de sus padres y de un matrimonio con un pretendiente rico al que no ama. Vera Pávlovna tiene diversos sueños progresistas, y uno de ellos describe una sociedad ideal del futuro donde las personas viven en hermosos palacios de vidrio y metal, trabajan de forma colectiva y están libres de la explotación capitalista. En ese sueño, el ser humano vive en completa armonía con la naturaleza, los campos y los invernaderos dan abundantes cosechas y todo el trabajo físico pesado lo realizan máquinas. Los “nuevos hombres” son racionales, altruistas y tienen la posibilidad de desarrollar su potencial en una sociedad armoniosa. Hombres y mujeres son iguales, y gracias a una vida feliz, la vejez llega muy tarde.

2. Alexéi Tolstói 'Aelita' (1923)

Puerta a Rusia (Foto: Dominio público)

La novela sobre el viaje a Marte se convirtió en una obra emblemática sobre los viajes espaciales. El ingeniero Mstislav Los y el soldado del Ejército Rojo Alexéi Gúsev viajan a Marte. Allí descubren una civilización altamente desarrollada descendiente de los atlantes, gobernada por un dictador. Mientras Gúsev se acerca a las clases bajas marcianas y se prepara para iniciar una revolución, el ingeniero Los se enamora de Aelita, la hija del gobernante, quien le corresponde.

Para 1923, la parte técnica del viaje está descrita de forma muy avanzada. La nave espacial terrestre es un enorme huevo de acero que Tolstói llamó “dirigible interplanetario”. Cuenta con un sistema de aislamiento térmico y reservas de oxígeno en tanques. La tecnología marciana también impresiona: los habitantes vuelan en aparatos con alas y utilizan para comunicarse una “esfera nebulosa”, un dispositivo similar a un proyector holográfico o a una pantalla de cine..

3. Alexander Beliáiev 'La cabeza del profesor Dowell' (1925), 'El hombre anfibio' (1927), 'La estrella KETs' (1936)

Puerta a Rusia (Foto: Dominio público)

A Beliáyev se le suele llamar el “Julio Verne ruso” por su sorprendente capacidad para anticipar descubrimientos científicos. En ‘El hombre anfibio’ predijo la creación del equipo de buceo y la posibilidad de que el ser humano permanezca mucho tiempo bajo el agua: el brillante científico Salvator trasplanta a un joven las branquias de un tiburón. En ‘La cabeza del profesor Dowell’ aparecen operaciones de trasplante de órganos e incluso la reanimación de partes del cuerpo. ‘La estrella KETs’, dedicada a la primera estación orbital soviética, anticipó los programas espaciales reales. En ella hay todo lo necesario para la vida y el trabajo: gravedad artificial, sistemas de soporte vital, trajes espaciales para salir al espacio abierto e invernaderos para cultivar plantas. La fe en la ciencia como fuerza capaz de transformar la vida humana es el eje principal de sus obras.

4. Iván Yefrémov 'La nebulosa de Andrómeda' (1957)

Puerta a Rusia (Foto: Sputnik, A. Pobedinski / Molodaia Gvardiya, 1958)

La novela describe el comunismo a escala galáctica. El autor creó un vasto retrato de un futuro luminoso en el que la humanidad, unida en una civilización comunista, ha salido al espacio. En este mundo se han superado las guerras, las enfermedades, el hambre e incluso el instinto maternal, sustituido por la educación colectiva de los niños. Las personas viven vidas largas y creativas, guiadas por los principios del humanismo y la amistad. Aunque en este mundo ideal existen también contradicciones internas (cierta frialdad, atrofia de algunos sentimientos “naturales”), se convirtió en un modelo de utopía comunista para millones de lectores soviéticos.

5. Evgueni Zamiatin 'Nosotros' (1920)

Una distopía clásica que influyó enormemente en la literatura mundial. Zamiatin anticipó ‘Un mundo feliz’ de Huxley y ‘1984’ de Orwell, aunque en vida no fue publicado en la URSS. En ‘Nosotros’, la acción transcurre en un futuro lejano, en el Estado Único, donde las personas no tienen nombres, solo números. Todo está perfectamente calculado de forma matemática, la vida es transparente (literalmente, con paredes de vidrio) y está sometida al control total del Benefactor. La tragedia principal de la novela no es tanto la violencia política como la asfixia del alma humana, del amor y de la libertad bajo el rígido “nosotros” en favor de la racionalidad. Todos los aspectos de la vida, incluido el amor, están reglamentados.

6. Vladímir Voinóvich 'Moscú 2042' (1986)

En esta obra se crea una imagen grotesca y satírica de la Moscú del futuro. El amor al líder y a sus ideas se inculca desde la infancia. La misión del arte no es reflejar la vida, sino “transformarla”, es decir, ajustarla a la línea general del partido. Los escritores tienen rangos militares y trabajan bajo la supervisión de críticos de la seguridad del Estado. La economía se basa en la entrega del “producto secundario”, es decir, los desechos humanos, que se reciclan para convertirlos en alimentos. A cambio se reciben cupones e incentivos materiales. Debido a la falta de motivación, la gente trabaja mal. Los automóviles de gasolina desaparecen y son sustituidos por máquinas de vapor y de gasógeno, por lo que las calles están cubiertas de hollín negro y los edificios se han ennegrecido.

7. Arkadi y Borís Strugatski 'Mediodía, siglo XXII' (1962)

Puerta a Rusia (Foto: Russian Look/Global Look Press, Y. Makárov / Editorial «Detskaya Literatura», 1967, Mijaíl Baránov / Russian Look/Global Look Press) / Global Look Press

En los inicios de su obra, los hermanos y coautores, siguiendo el espíritu del “deshielo” de Jrushchov, crearon una utopía comunista. En la Tierra ha triunfado el comunismo: han desaparecido las guerras, la violencia, las enfermedades y la propiedad privada. La humanidad unificada está gobernada por el Consejo Mundial, formado por personas educadas y respetadas como científicos, médicos y profesores. El mayor placer y sentido de la vida es el trabajo creativo. Las personas son felices porque pueden dedicarse a lo que aman. Pueden permitirse vehículos voladores personales, existen carreteras automáticas y servicio de comida a domicilio. Las tareas domésticas y rutinarias las realizan robots jardineros y robots pastores. Para el análisis y la búsqueda de información se utiliza el Colector de Información Dispersa, que recuerda al internet moderno.