Así imaginó un arquitecto soviético la ciudad del futuro
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La ciudad siberiana de Anzhero-Sudzhensk no era precisamente un lugar agradable. A finales del siglo XIX comenzó allí la extracción de carbón. En 1928, dos asentamientos obreros, Andersk y Sudzhensk, se unieron para formar una ciudad. La población crecía rápidamente, pero las condiciones de vida dejaban mucho que desear: a cada persona le correspondían no más de tres metros cuadrados. Tampoco se cuidaba demasiado el comportamiento social: en la ciudad eran frecuentes la embriaguez y los disturbios.
Un joven arquitecto, Nikolái Kuzmín, propuso una solución: entre 1928 y 1929 creó un proyecto de comuna para mineros, prácticamente ideando para la ciudad un nuevo modelo de organización social.
Planteaba distribuir a todos los habitantes (el complejo podía albergar a más de cinco mil personas) según grupos de edad. En los edificios había todo lo necesario para una persona a lo largo de su vida: desde maternidad, guardería, jardín de infancia y escuela, hasta residencias para solteros y casados, hogares para ancianos y mucho más. Todo estaba concebido de tal manera que nada distrajera a los ciudadanos soviéticos de sus logros laborales. No existía la propiedad privada: todo era común, incluida la vivienda. Cuando cambiaba la situación de una persona, esta se trasladaba a la unidad correspondiente.
Kuzmín incluso elaboró un horario de vida minuto a minuto que debía seguirse en la comuna: a las 6:15 en punto debían entrar los limpiadores en las habitaciones; de 6:28 a 6:43 se servía el desayuno en el comedor (no había cocinas en los apartamentos), y así sucesivamente. También pensó en los procesos de trabajo: propuso dividir a los obreros en brigadas que trabajarían por turnos en la mina.
Moiséi Guínzburg, autor del proyecto de la Casa Narkomfin, calificó la casa-comuna de Kuzmín como un “transportador perfecto”. El proyecto del arquitecto siberiano fue aprobado en el congreso de la Asociación de Arquitectos Contemporáneos, pero pocos años después comenzó a ser criticado por su exceso de ideas sociales. Nunca llegó a realizarse.