¿Qué fue la OSA y cómo influyó en la arquitectura de Rusia?
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Uno de los primeros en hablar de las ciudades del futuro fue el poeta futurista Velimir Jlébnikov. En su ensayo Nosotros y las casas describió la “casa de vidrio”, una vivienda compacta de cristal curvado. En ella se podía descansar, viajar y unir estas “viviendas” en hoteles o complejos residenciales, ya que no estaban vinculadas a un lugar concreto. Sus habitantes se convertían así en “ciudadanos del mundo”.
El poeta describía proyectos arquitectónicos que entonces parecían pura fantasía: casas-álamo, casas-tubo, casas-película, casas-libro. Medio siglo después, en Moscú, en el Nuevo Arbat, se construirían cuatro edificios cuyo perfil recuerda a un libro abierto.
No un estilo, sino un método
Entre los participantes del movimiento estaban destacados constructivistas como Alexander y Víktor Vesnin, Moiséi Guínzburg, Alexander Rodchenko y Varvara Stepánova, Lázar Jidékel, Iván Leonídov y otros. No pretendían inventar un nuevo estilo, sino desarrollar un nuevo método de organización del espacio urbano con vidrio, hormigón y metal.
Formas simples, aprovechamiento del entorno y funcionalidad: los constructivistas crearon tipos de edificios completamente nuevos. Uno de los primeros fue el proyecto del Palacio del Trabajo de los hermanos Vesnin, pensado como sede del gobierno, casa de cultura, museo y palacio de congresos al mismo tiempo. Propusieron construirlo con hormigón armado y organizar el espacio sin patios interiores, concentrando los servicios en una torre de 20 plantas. Además, idearon una gran sala transformable para más de 10.000 personas.
Los proyectos de la OSA no estaban ligados a un terreno concreto: eran flexibles y cambiantes. Por ejemplo, Iván Leonídov diseñó un club obrero con parque y zonas deportivas que parecía una estación espacial. Estaba pensado como un espacio educativo multifuncional, adaptable para cine, conferencias o incluso un planetario.
Su proyecto del Instituto Lenin de Bibliotecología (1927) fue revolucionario: combinaba un edificio de almacenamiento de libros con una sala esférica “suspendida” sobre construcciones más bajas en un entorno ajardinado. Sus ideas influyeron en arquitectos como Oscar Niemeyer y Le Corbusier.
Creadores de urbanismo moderno
La OSA buscaba crear proyectos tipo que pudieran reproducirse en toda la URSS. Así surgieron nuevas formas de construcción que combinaban vivienda, cultura y servicios sociales: los llamados “barrios de vida”. Estos complejos podían albergar a miles de personas y definieron la arquitectura soviética durante décadas.
Construir la ciudad del futuro
Un ejemplo fue el proyecto de comuna para mineros en Anzhero-Sudzhensk (1928–1929), diseñado por Nikolái Kuzmín. Ante el rápido crecimiento de la población y las duras condiciones de vida, ideó un nuevo modelo social en el que el Estado organizaba todos los aspectos de la vida.
El complejo, para más de 5.000 personas, distribuía a los habitantes por edad y necesidades: maternidad, guarderías, escuelas, viviendas para solteros y familias, residencias para mayores… Todo estaba diseñado para que nada distrajera del trabajo. No había propiedad privada: todo era colectivo.
Incluso se estableció un horario diario detallado: limpieza a las 6:15, desayuno entre 6:28 y 6:43 (sin cocinas en las viviendas), y organización del trabajo por turnos en brigadas.
Moiséi Guínzburg calificó este modelo como “un perfecto sistema en cadena”. Aunque fue aprobado inicialmente, más tarde sería criticado por su exceso de control social.