Así eran las casas del futuro imaginadas por el poeta Velimir Jlébnikov
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“Mil viviendas de cristal, conectadas por una carroza colgante con torres, brillaban con el reflejo del vidrio. Allí vivían artistas, disfrutando de una doble vista al mar, ya que la casa, en forma de torre-aguja, se adentraba en el mar. … Cerca, a una altura inalcanzable, se alzaba una casa-flor, con una cúpula de vidrio rojizo mate, una barandilla en forma de encaje como el borde de una copa y elegantes escaleras de hierro a modo de tallo. … Dos casas-cabello se entrelazaban una junto a la otra. … Un bosquecillo de álamos de cristal vigilaba el mar”.
Así describía las casas del futuro el poeta futurista Velimir Jlébnikov en su ensayo Nosotros y las casas. También ideó apartamentos de un nuevo tipo: la “casa de vidrio”. En estas viviendas compactas de vidrio curvado se podía descansar e incluso viajar. No estaban ligadas a un lugar concreto y podían desplazarse en cualquier dirección: bastaba con fijarlas a la plataforma de un tren o a un barco. Jlébnikov también proponía unirlas en complejos residenciales u hoteles, montando estas casas de vidrio sobre la estructura de un edificio. La ciudad futurista de Jlébnikov parecía un conjunto de construcciones multifuncionales: incluía la “calle-palacio” (una calle con un edificio representativo), las “casas-puente” y las “calles de casas” formadas por módulos habitables.
Todos estos proyectos arquitectónicos parecían entonces pura ciencia ficción. Pero Jlébnikov resultó ser, en cierto modo, un visionario. En 1928, el joven arquitecto soviético Gueorgui Krútikov desarrolló un proyecto de casas voladoras. Y medio siglo después, en Moscú, en el Nuevo Arbat, se construirían cuatro rascacielos cuya silueta recuerda a un libro abierto.