3 imágenes del HORNO en los cuentos rusos
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Para comprender el papel del horno o estufa rusa en los cuentos populares del país eslavo, conviene imaginarlo en la vida real de los campesinos. En la isba campesina, el horno ocupaba un lugar destacado, tanto por su tamaño como por su importancia. Proporcionaba calor, comida y un lugar para dormir. Una estufa bien construida y correctamente calentada conservaba el calor durante más de un día. En ella se horneaban panes y empanadas, se cocinaban sopas y gachas. En su interior se “terminaba de cocer” a los bebés débiles o enfermos, se lavaba y se daba vapor a los niños más grandes, y sobre ella se acostaba a los ancianos para aliviar los males de la edad. Al horno estaban ligados rituales y también el espíritu protector del hogar, el domovói.
A partir de esta realidad, en el folclore se formaron varias imágenes clave del horno:
1. Protector y ayudante mágico
En los cuentos mágicos rusos, el horno suele aparecer como un ser inteligente y bondadoso, dispuesto a ayudar al protagonista. Habla, da consejos sabios, alimenta y esconde de los perseguidores. El ejemplo más conocido es el cuento Los gansos-cisnes. El horno le propone a la niña que huye para salvar a su hermano que coma un pastel de centeno y se esconda en su interior para protegerse de las peligrosas aves.
2. Prueba y renacimiento: el ritual de la ‘recocción’
Baba Yagá suele intentar asar al héroe en el horno. Las raíces de este motivo fabuloso se remontan al ritual folclórico de la “recocción” de un bebé enfermo. Al niño se le colocaba en una estufa templada sobre una pala de pan, imitando un segundo nacimiento, ya sano. En el cuento, este ritual se transformó en una prueba de fuego que el héroe debe superar para volverse más fuerte.
3. Lugar de poder del ‘tonto’
El héroe-tonto (Ivánushka, Yemelia) pasa años tumbado sobre el horno. Sin embargo, al final el horno lo ayuda. ¿Por qué? En este caso, el horno actúa como un signo de pasividad social, marcando al héroe como alguien “que no es de este mundo”, lo que acaba convirtiéndose en sabiduría y en una conexión con fuerzas milagrosas. En el cuento “Por arte de magia”, el horno se transforma en un medio de transporte fantástico que lleva a Yemelia directamente ante el zar. Otro ejemplo es el del bogatyr Iliá Múromets, que pasó 33 años sentado sobre (o junto a) el horno porque estaba paralizado, y luego adquirió una fuerza extraordinaria.
Así, el horno en el cuento ruso es una imagen universal y polifacética. Une lo cotidiano y lo maravilloso, la vida doméstica y el mito. Es a la vez protectora, portal entre mundos y fuego purificador.