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LL-600: el gigantesco hidroavión soviético de un millón de kilos que nunca llegó a construirse

OpenAI
Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética estudió numerosos proyectos aeronáuticos que nunca pasaron de la mesa de diseño. Uno de los más sorprendentes fue el LL-600, una gigantesca lancha voladora concebida por la oficina de diseño de Gueorgui Bériev. Con una masa máxima al despegue cercana al millón de kilogramos, habría sido uno de los aviones más grandes jamás proyectados.

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Un gigante para dominar los océanos

El proyecto fue desarrollado en la primera mitad de la década de 1960 por la oficina de diseño OKB-49, dirigida por el ingeniero Gueorgui Beriev, el principal especialista soviético en hidroaviones.

El LL-600 nació inicialmente como un bombardero estratégico de largo alcance, aunque también se estudió una versión civil capaz de transportar hasta 2.000 pasajeros, una cifra que incluso hoy resulta extraordinaria.

Su enorme tamaño respondía a una necesidad concreta: aprovechar los océanos como inmensas pistas de aterrizaje naturales, permitiendo operar desde prácticamente cualquier lugar del mundo sin depender de aeródromos convencionales.

Repostar en mitad del océano

Uno de los aspectos más originales del proyecto era el sistema ideado para aumentar aún más su autonomía.

Los ingenieros soviéticos, explican en Testpilot.ru propusieron establecer puntos secretos de repostaje en alta mar utilizando submarinos cisterna o contenedores especiales llenos de combustible.

Estos depósitos serían transportados y desplegados discretamente por submarinos. Cuando el hidroavión se aproximara a la zona de repostaje, lanzaría una bomba de señales a unos 200 o 300 kilómetros del punto previsto. Tras detectar la secuencia acústica correspondiente, el contenedor emergería automáticamente a la superficie y activaría una radiobaliza junto con sistemas visuales de localización, permitiendo al avión encontrar el combustible sin revelar previamente la posición del depósito.

La idea pretendía que los bombarderos pudieran ampliar enormemente su radio de acción sin necesidad de utilizar bases aéreas en el extranjero.

OpenAI

También como cazador de submarinos

En 1966, un decreto del Gobierno soviético impulsó el desarrollo de nuevos complejos antisubmarinos para operar en los océanos. Entre las propuestas figuraban dos enormes hidroaviones: el LL-400 y el LL-600.

Su capacidad para permanecer durante largos periodos sobre el mar y operar lejos de las costas los convertía en candidatos ideales para la vigilancia oceánica y la lucha contra submarinos enemigos durante la Guerra Fría.

Submarino estadounidense Sunfish en los años 60.
Dominio público

Un coloso de ocho motores

Aunque el proyecto nunca llegó a completarse, los estudios preliminares permiten hacerse una idea de sus dimensiones.

El LL-600 habría tenido una masa máxima al despegue cercana a 1.000 toneladas, una cifra muy superior a la de cualquier avión operativo de su época. Estaba previsto equiparlo con ocho motores turborreactores de la familia NK y alcanzar una velocidad de unos 900 km/h, prestaciones extraordinarias para una aeronave de semejante tamaño.

Motor Kuznetsov NK-8 que se conserva en Leipzig.
Kora27 (CC BY-SA 4.0)

El fin del proyecto

Como ocurrió con muchos otros programas estratégicos soviéticos, el LL-600 quedó víctima del rápido avance de la tecnología militar.

Tras las exitosas pruebas de los misiles balísticos intercontinentales soviéticos, los grandes bombarderos estratégicos e hidroaviones de alcance global dejaron de ser una prioridad. La posibilidad de atacar objetivos situados al otro lado del planeta mediante misiles redujo considerablemente el interés por proyectos tan costosos y complejos.

El desarrollo del LL-600 fue finalmente cancelado antes de que se construyera ningún prototipo.