Máquinas imposibles: los vehículos híbridos más extravagantes diseñados en la URSS
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El tanque volador soviético
Uno de los proyectos más insólitos fue el A-40, también conocido como el “tanque volador”. La idea era sencilla: acoplar alas y cola a un tanque ligero para que un bombardero lo remolcara en el aire. Tras aterrizar planeando, el tanque soltaría las alas y entraría inmediatamente en combate.
El prototipo se probó en 1942 con un tanque T-60 modificado. El vuelo fue técnicamente exitoso, pero el avión remolcador apenas podía con el peso, y el proyecto se abandonó. Aun así, el A-40 se convirtió en uno de los intentos más reales de crear un vehículo blindado capaz de volar.
El submarino volador
En los años 30, el ingeniero Borís Ushakov propuso un aparato que combinaba un submarino con un hidroavión. El vehículo despegaría desde el agua, volaría hasta la zona de operaciones, se sumergiría para detectar objetivos y volvería a emerger para atacar.
El diseño incluía flotadores inundables para la inmersión, torpedos y una tripulación de tres personas. El concepto era extremadamente complejo: debía ser al mismo tiempo resistente a la presión submarina y lo suficientemente ligero para volar. El proyecto nunca se construyó, pero es uno de los híbridos más radicales de la historia.
El barco volador: los ekranoplanos
Otro concepto soviético fue el ekranoplano, un vehículo que no era ni barco ni avión. Volaba a pocos metros del agua aprovechando el efecto suelo, lo que le permitía transportar cargas enormes a gran velocidad.
El más famoso fue el KM, apodado por la inteligencia occidental “Monstruo del Mar Caspio”. Después apareció el Lun, armado con misiles antibuque. Estos aparatos podían desplazarse como un avión, pero operaban desde el mar como un barco, combinando características de ambos.
El Delfín: hidroala y submarino portamisiles
Uno de los proyectos más radicales fue el Proyecto 1231 ‘Delfín’, impulsado en tiempos de Nikita Jrushchov. Se trataba de un buque capaz de navegar sumergido como un submarino y, al emerger, desplazarse a gran velocidad usando hidroalas para atacar con misiles antibuque.
El diseño preveía una nave de unos 63 metros de eslora, con desplazamiento de 450-600 toneladas y velocidad de hasta 38 nudos en superficie. Tras lanzar sus misiles, el barco volvería a sumergirse para escapar. Sin embargo, la combinación de requisitos de submarino y buque de superficie resultó demasiado compleja y el proyecto fue abandonado.
El convertiplano Mi-30
En los años 70, la oficina Mil desarrolló el Mi-30, un “helicóptero-avión” con rotores basculantes similar en concepto al V-22 Osprey. El proyecto avanzó hasta estudios aerodinámicos y fue incluido en el programa estatal de armamento de 1986-1995, pero el colapso de la URSS impidió su construcción.