Cuando un profesor ruso se convirtió en general manchú
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En 1921, tras la derrota de las fuerzas de Semiónov, Garmáyev huyó a Manchuria, donde se dedicó a la ganadería y posteriormente se convirtió en jefe de un distrito fronterizo. Siete años después, durante la rebelión de los mongoles de Barga contra las autoridades chinas, formó y dirigió un destacamento armado que desempeñó un papel importante en la derrota de los sublevados.
En 1932, los japoneses ocuparon Manchuria y crearon el Estado títere de Manchukuo. La carrera de Garmáyev progresó rápidamente bajo el nuevo régimen, no solo gracias a sus capacidades organizativas, sino también a su anterior servicio a las órdenes del atamán Semiónov, a quien Tokio había apoyado durante la Guerra Civil rusa. Además, durante la ocupación de Manchuria salvó a siete ingenieros japoneses escondiéndolos de los chinos.
Garmáyev recibió el rango de coronel del Ejército de Manchukuo y fue puesto al mando de las fuerzas de seguridad de una de las provincias fronterizas. Persiguió a los partisanos chinos, organizó provocaciones y operaciones de sabotaje en las fronteras con la URSS y Mongolia y, en 1939, comandó tropas en los combates contra el Ejército Rojo en el río Jaljin Gol.
En 1940, ya con el rango de teniente general, Garmáyev asumió el mando del 10.º Distrito Militar de Manchukuo. Firmó decenas de sentencias de muerte contra personas acusadas de colaborar con los servicios de inteligencia soviéticos. Cuatro años después fue destinado a labores docentes.
Garmáyev se rindió durante la guerra soviético-japonesa de 1945. Dos años más tarde fue fusilado, acusado de “invasión armada” del territorio soviético y de “prestar ayuda a la burguesía internacional que aspira a derrocar el sistema comunista”.