A lo largo de la Ruta de la Seda de la Historia: los tesoros del Kremlin viajan a China

Museos del Kremlin de Moscú
Museos del Kremlin de Moscú

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Los Museos del Kremlin de Moscú se preparan para una gran gira internacional. En 2026 no les esperan simples exposiciones itinerantes, sino un auténtico desembarco cultural y diplomático en China. Dos grandes muestras, en distintas sedes del país asiático, presentarán una visión poliédrica de la historia rusa: desde el esplendor de la corte imperial hasta la profundidad de sus búsquedas espirituales.

El primer acorde de este diálogo será la exposición Pedro el Grande y Catalina la Grande. Comenzará su recorrido en el Museo de la provincia de Hubei, en Wuhan, y posteriormente llegará a Shanghái, al Museo de la Exposición Universal. Se trata del relato del salto adelante de toda una civilización, plasmado en objetos de incalculable valor. Regalos diplomáticos, pertenencias personales de los monarcas, órdenes militares y regalia zarista: cada pieza habla del momento en que Rusia salió a la escena mundial. El público no verá solo retratos solemnes de manual, sino huellas vivas de la época: el caftán de Pedro I, su cruz de coronación, una delicada jarra (regalo de la zarina Natalia al heredero). Es la historia del poder contada a través del arte de la joyería y de reliquias personales.

Si el primer proyecto está dedicado a la fuerza terrenal, el segundo se dirige a la fuerza celestial. En otoño de 2026, en el Museo del Palacio de Hong Kong, se inaugurará la exposición Mirar a los cielos: tesoros de los museos rusos, preparada junto con la Galería Tretiakov y el Museo-Reserva de Vladímir-Súzdal. Desde las catedrales y depósitos del Kremlin viajarán trece iconos únicos y valiosos objetos del ajuar litúrgico, ofrendas de los soberanos rusos. Será una oportunidad excepcional para contemplar no tanto el arte en sí, como testimonios de la fe profunda y personal de gobernantes para quienes la grandeza del Estado era inseparable de su eje espiritual. Muchas de estas reliquias sagradas nunca antes habían salido de los muros del Kremlin.

Estos dos proyectos conforman una imagen completa. Wuhan y Shanghái descubrirán una Rusia estatal, fuerte y europea. Hong Kong, en cambio, conocerá una Rusia sacra, iconográfica, arraigada en su antigua tradición. Juntas, ambas exposiciones componen un relato honesto y multidimensional, en el que el oro de la corona siempre convivió con el oro de los iconos. Y no hay mejor embajador para semejante diálogo que las inestimables colecciones del Kremlin de Moscú.