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¿Por qué eran tan apreciadas las plañideras en la antigua Rus?

Elena Medvédeva / Getty Images
Se las contrataba para llorar de forma ritual no solo en funerales, sino también en bodas, despedidas de reclutas que marchaban al ejército y en otros momentos importantes de la vida.

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Las plañideras, “lamentadoras” o “mujeres de los lamentos” constituían una de las profesiones más antiguas y respetadas de la antigua Rus. Su arte era imprescindible en todos aquellos momentos clave de la vida que se entendían como el paso de un estado a otro.

Las mejores plañideras eran conocidas en toda la comarca e incluso podían ser llamadas desde aldeas vecinas. Aprendían el oficio desde niñas y, con frecuencia, sus secretos se transmitían de generación en generación. La remuneración dependía de la habilidad de la intérprete, de la duración del ritual y de la posición social de la familia contratante. Cuanto más conmovedor, emotivo y desgarrador era el llanto, mayor era la recompensa. Sin embargo, el pago no siempre consistía en dinero: muchas acudían a cambio de participar en el banquete funerario o recibían regalos tradicionales.

Los funerales

El principal ámbito de trabajo de estas mujeres eran los funerales y las ceremonias conmemorativas. Se creía que sus lamentos ayudaban al alma del difunto a pasar correctamente al otro mundo y evitaban que se convirtiera en un espíritu maligno. El ritual funerario seguía un estricto orden, con una secuencia bien definida de acciones y con personas encargadas de dirigir la ceremonia.

Cuando alguien fallecía, la noticia se difundía por los alrededores y las plañideras eran invitadas al “último adiós”. En la casa del difunto comenzaban los preparativos: el cuerpo era lavado, vestido con las ropas funerarias y colocado sobre un banco, con la cabeza orientada hacia los iconos. Todo este proceso iba acompañado de los lamentos de las plañideras, que relataban la vida de la persona fallecida.

Los cantos fúnebres se prolongaban durante tres días: primero en la casa, después en la calle, mientras el cuerpo era colocado en el ataúd, sacado de la vivienda, llevado al cementerio y finalmente enterrado.

Una plañidera realmente talentosa no solo era capaz de expresar el dolor de los familiares. Sus lamentos cumplían una función semejante a la de un obituario en un periódico: narraban la vida del difunto, las circunstancias de su muerte y el destino de la familia que dejaba atrás.

Otros motivos

Thomas Faull / Getty Images

Las plañideras también eran contratadas para las bodas. En este contexto, el llanto simbolizaba la “muerte” de la vida de soltera y el paso de la novia a su nueva condición de mujer casada. Ayudaban a la joven a expresar la tristeza ritual que exigía la tradición.

La partida al ejército (especialmente cuando el servicio militar duraba 25 años) también se consideraba una “muerte” de la vida anterior. Las plañideras despedían al joven como si fuera un difunto en vida, lamentando la pérdida de su libertad y de su existencia cotidiana.

En ocasiones también eran requeridas en otras situaciones trágicas, como la desaparición de una persona o las consecuencias de una catástrofe natural.

Las más célebres

Una de las plañideras rusas más famosas fue Irina Andréievna Fedósova (1827-1899). Nació en una familia de campesinos estatales de Zaonezhie, que nunca habían estado sometidos a la servidumbre. Desde niña absorbió las antiguas tradiciones rituales y, con el tiempo, se convirtió en una extraordinaria guardiana del folclore ruso.

Sus contemporáneos admiraban su memoria prodigiosa: conocía de memoria decenas de miles de versos, bilinas (cantares épicos) y lamentos, aunque en cada ceremonia improvisaba, creando textos únicos adaptados a la historia personal del difunto.

Fedósova alcanzó fama internacional gracias a su colaboración con el folclorista Yelpidifór Barsov, autor de la obra en tres volúmenes Lamentos del Norte de Rusia. Grandes figuras de la cultura rusa como Miliy Balákirev, Nikolái Rimski-Kórsakov, Fiódor Chaliapin y Maxim Gorki admiraron su arte. En la ciudad de Petrozavodsk se erigió incluso un monumento en su honor.