El conejo que (quizás) salvó la vida de Alexánder Pushkin

Puerta a Rusia (Foto: Legion Media; Westend61/Getty Images)
Puerta a Rusia (Foto: Legion Media; Westend61/Getty Images)

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En diciembre de 1825, el poeta se encontraba desterrado en su hacienda de Mijáilovskoye por sus ideas liberales. Según una leyenda que él mismo contribuyó a difundir, al enterarse de la muerte del emperador Alejandro I decidió romper su aislamiento forzoso y viajar a San Petersburgo con documentos falsificados, ya que conocía los planes de los conspiradores. Su intención era participar en la insurrección decembrista. Sin embargo, el viaje no salió como esperaba.

Primero, el criado que debía acompañarlo sufrió un ataque de delirium tremens (conocido popularmente como “fiebre blanca”). Apenas habían salido de casa cuando Pushkin y su cochero vieron cómo una liebre cruzaba el camino delante de ellos y, poco después, apareció otra más. En la Rusia del siglo XIX, aquello se consideraba un presagio muy negativo, incluso peor que encontrarse con un gato negro.

Para rematar la serie de malos augurios, se cruzaron con un sacerdote rural, cuya aparición también era considerada una señal extremadamente desfavorable.

Para el supersticioso Pushkin, esta sucesión de acontecimientos resultó decisiva. Tanto él como su cochero interpretaron aquellas señales como una advertencia del destino y decidieron regresar a la finca.

Aunque es muy probable que se trate simplemente de una anécdota histórica, la historia gustó tanto a las generaciones posteriores que en el año 2000 se erigió en Mijáilovskoye un monumento al “conejo que salvó a Pushkin”. Se trata de un poste kilométrico con la inscripción: “Hasta la Plaza del Senado quedan 416 verstas”.

(La Plaza del Senado fue el lugar donde se produjo el levantamiento decembrista el 14 de diciembre de 1825).