Director de orquesta italiano: 'He estado vinculado a Rusia desde la infancia. Mi padre llamó a mi hermana Valentina, en honor a Tereshkova'
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Fabio se convirtió en director de orquesta casi por casualidad. Mientras estudiaba piano en un conservatorio de Italia, fue invitado a trabajar como concertino en un teatro de ópera. Un día, de manera inesperada, le pidieron que dirigiera porque el director titular llegaba tarde. Entonces quedó claro que tenía talento para ello.
A lo largo de los años, Fabio viajó mucho y vivió y estudió durante largas temporadas en ciudades como Viena, Ginebra, Berlín, Nueva York y Toronto. Finalmente, su camino lo llevó a Rusia.
"Toda mi historia familiar me conducía a ello. Mi padre amaba profundamente la literatura y la música rusas, y admiraba la exploración espacial soviética", cuenta Fabio.
Su hermana mayor nació poco después del histórico vuelo de Valentina Tereshkova, por lo que su padre decidió llamarla Valentina. "Además, el apellido de soltera de mi madre es Russo, que significa 'rusa'. Así que, al parecer, no solo tengo raíces italianas, sino también rusas", añade.
Primeras impresiones de Rusia y el amor por el idioma
Fabio llegó por primera vez a Rusia en junio de 1999 para asistir a una clase magistral del reconocido director de orquesta Iliá Musin. Pasó un mes en el país, pero desde el primer día entendió que San Petersburgo era su lugar. "Es una ciudad bellísima, con una historia y una arquitectura impresionantes. Y decidí que quería vivir aquí".
Antes de llegar, Fabio ya hablaba ruso, y lo había aprendido casi por accidente. Los giros inesperados del destino han marcado profundamente su vida.
En 1973, cuando tenía apenas ocho años, las opciones de entretenimiento eran limitadas. La escuela terminaba a la una de la tarde y, después de almorzar, hacer los deberes y practicar dos horas de piano, salía a jugar al fútbol.
"Pero para mi madre, que era del sur, ¡+5℃ en invierno era un frío insoportable! Así que en invierno el fútbol se acababa para mí. Buscando algo que hacer, descubrí una maravillosa enciclopedia que teníamos en casa. Y el alfabeto ruso fue uno de los temas que más me fascinó".
Fabio no sabe explicar del todo por qué se interesó tanto por el ruso, pero empezó a aprender a leerlo por su cuenta. Cuando llegó a Rusia, ya podía entender los carteles de la calle y del metro.
"Podía escribirles a las personas en ruso… Eso fue una auténtica salvación, porque en aquella época casi nadie hablaba idiomas extranjeros", recuerda.
Para el oído musical de un italiano, algunas palabras rusas suenan extrañas. Por ejemplo, shashlik (brocheta): "El proceso de asar carne no se relacionaba en mi mente con esa combinación de sonidos: shash-lik".
También le sorprende que la palabra rusa "бракосочетание" ("brakosochetanie" / “boda”) no suene en absoluto a algo relacionado con el amor.
"Pero, en general, el ruso es un idioma muy poético y, junto con el italiano, resulta especialmente adecuado para el canto", admite.
El mundo de la música rusa
Hoy en día, Fabio es director artístico del Teatro Musical Estatal Chaliapin de San Petersburgo. Considera que los músicos rusos tienen una cualidad distintiva: independientemente de cómo transcurran los ensayos, en el concierto logran unirse y tocar mejor.
"Los músicos rusos también son extremadamente entregados. Esto se nota especialmente en las orquestas donde el director selecciona personalmente a cada integrante. Cuando existe confianza mutua, los músicos te siguen incluso en los momentos más difíciles", explica Mastrangelo.
Fabio afirma con convicción que Rusia es hoy uno de los líderes mundiales en música clásica. Lamenta, no obstante, la escasez de salas de conciertos en el país, convencido de que todas estarían llenas.
Desde 2012, este director italiano organiza el festival internacional "Ópera para todos", en el que las orquestas actúan en las plazas de San Petersburgo. "Cada año, al menos 50.000 personas nos escuchan en el festival, y debemos tocar para ellas con el mismo nivel que en un teatro de ópera", señala.
¿En qué se ha vuelto ruso el italiano?
Fabio admite que le resulta más fácil decir en qué aspectos sigue siendo italiano: la pasta diaria para el almuerzo es innegociable. En todo lo demás, se siente ruso e incluso ha adoptado muchas supersticiones y costumbres locales. Por ejemplo, si se olvida algo en casa y tiene que volver, siempre se mira al espejo para no atraer la mala suerte.
"En Rusia hay una sinceridad que no se encuentra en otros países. Cuando conoces a una persona rusa, enseguida hablas con franqueza: no hay barreras ni secretos. Me siento cómodo aquí. Esta es mi segunda patria", concluye.
Lee la versión completa de la entrevista en ruso en la página web de la revista Natsia.