GW2RU
GW2RU

Los cinco libros que más influyeron en Iósif Stalin

Kira Lisítskaia (Fotos: OpenAI, Legion Media, Debolsillo, Progreso, Asociacion de Directores de Escena)
Iósif Stalin fue un lector voraz. Leía de todo: novelas, poesía, historia, filosofía, ciencia e incluso tratados de biología. Acostumbraba a subrayar pasajes, escribir comentarios en los márgenes y dejar notas que, décadas más tarde, serían estudiadas por sus biógrafos. Entre los miles de libros que pasaron por sus manos, estos cinco destacan como algunos de los que más influyeron en su formación y en su visión del poder.

Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!

Desde los trece años, el joven Iósif Dzhugashvili (su nombre real) leía hasta quinientas páginas al día. La lectura fue también una herramienta de ascenso personal: gracias a ella perfeccionó el ruso, lengua que comenzó a estudiar en la adolescencia para poder ingresar en el seminario.

Dominio público; Literatura y arte, 1964

Sentía una profunda pasión por la poesía y escribía versos en georgiano. El historiador Roi Medvédev sostiene que, durante un tiempo, soñó con convertirse en escritor. Incluso en los años de clandestinidad revolucionaria reunió una importante biblioteca personal. Admiraba a Victor Hugo, Chéjov, Dostoievski y Maiakovski, entre muchos otros.

Ya como líder de la Unión Soviética, su hábito de lectura no disminuyó. Revisaba personalmente gran parte de la literatura destinada a publicarse y leía con atención obras históricas, filosóficas y científicas. Su control sobre el mundo editorial soviético fue tan amplio como su influencia política.

1. Alexánder Kazbegui, 'El parricidio'

Dominio público; 'Literatura e iskusstvo', 1964

La novela del célebre escritor georgiano Alexánder Kazbegui, protagonizada por un bandido convertido en héroe popular, impresionó profundamente al joven Stalin. Muchos biógrafos creen que se identificó con el personaje principal hasta el punto de adoptar su nombre, Koba, como su primer seudónimo revolucionario dentro del partido.

2. Alexéi Tolstói, 'Iván el Terrible'

Dominio público; Editorial 'Iskusstvo (departamento de Leningrado', 1944

Stalin leyó esta obra en 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. En los márgenes escribió repetidamente la palabra "maestro" y dejó numerosas anotaciones sobre cuestiones militares que la lectura le iba sugiriendo.

Su fascinación por la figura de Iván IV fue tan profunda que impulsó personalmente la realización de la película Iván el Terrible y aprobó el guion de Serguéi Eisenstein. Los historiadores han señalado a menudo los paralelismos entre el zar y el propio Stalin: la concentración del poder, la desconfianza hacia su entorno y el uso del terror como instrumento político.

3. Mijaíl Shólojov, 'El Don apacible'

Dominio público; Debolsillo, 2009

Esta gran epopeya cosaca sobre la Guerra Civil rusa fue una de las obras que Stalin más admiró. Su ambigüedad ideológica (nunca queda del todo claro si el autor simpatiza con los blancos o con los rojos) provocó serias tensiones con la censura soviética. Los dos primeros volúmenes fueron recibidos con entusiasmo, pero el tercero quedó bloqueado durante años por considerarse excesivamente favorable a los blancos.

Ante la prohibición, Shólojov recurrió directamente a Stalin, quien finalmente autorizó su publicación. El líder soviético escribió sobre el autor: "Shólojov posee un gran talento artístico. Además, es un escritor de profunda integridad: escribe sobre aquello que conoce bien".

4. Alexánder Tvardovski, 'Vasili Tiorkin'

Dominio público; Progreso, 1977

Stalin apreciaba especialmente a los escritores que narraban acontecimientos vividos en primera persona. Tvardovski, que trabajó como corresponsal de guerra durante la contienda, volcó esa experiencia en un poema protagonizado por un soldado valiente, ingenioso y optimista.

Según una conocida leyenda, Vasili Tiorkin no recibió inicialmente el Premio Stalin porque en el poema no aparecía ninguna referencia al líder soviético. Sin embargo, durante una reunión del comité encargado del galardón, Stalin habría expresado su indignación por la ausencia de Tvardovski entre los premiados y ordenado que se le concediera la Orden de Lenin.

5. Mijaíl Bulgákov, 'Los días de los Turbín'

Dominio público, Asociacion de Directores de Escena, 2010

Aunque estaba muy lejos de ser una obra proletaria, Stalin la consideraba valiosa por su utilidad ideológica: mostraba cómo incluso una familia de intelectuales vinculada al antiguo régimen acababa sometiéndose al poder bolchevique. "Los días de los Turbín es una demostración del poder aplastante del bolchevismo", escribió.

Stalin admiraba el talento literario de Bulgákov y, en varias ocasiones, intervino personalmente para protegerlo de las campañas de prensa y de la censura. La célebre llamada telefónica que el líder soviético hizo al escritor, y que permitió su regreso al teatro y la reincorporación de sus obras al repertorio, se ha convertido en uno de los episodios más emblemáticos de la historia cultural soviética.