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¿Por qué en la antigua Rusia apagaban los incendios… con leche?

Kira Lisitskaya (Foto: chris robert/Unsplash; Global Look Press/Galina Barbieri, Bodo Schieren/imageBROKER.com, Artur Cupak/imageBROKER.com; freepik.com)
En la antigua Rus se creía que la lluvia acompañada de truenos y relámpagos era el eco de la batalla entre Perún, dios de las tormentas, y Veles, protector del ganado.

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Tras la victoria del dios del trueno, la lluvia caía sobre la tierra y el aire se volvía especialmente fresco, como si hubiera sido purificado. Los eslavos explicaban esto diciendo que Perún expulsaba a todos los espíritus malignos durante el combate.

Si durante una tormenta comenzaba un incendio, nadie corría a apagarlo con agua. Iban en busca de leche. La gente creía que el fuego provocado por los “rayos divinos” no podía extinguirse con un líquido común y que el agua solo empeoraría la situación. Solo algo puro, como la leche, podía calmarlo. En casos extremos utilizaban kvas o cerveza.

Temiendo los “errantes” rayos en bola, los campesinos untaban con leche los marcos de puertas y ventanas, considerándolo la mejor protección.

Con la llegada del cristianismo, las funciones de Perún fueron parcialmente asumidas por el profeta Elías. La gente creía que, al igual que Perún, viajaba por el cielo en un carro y golpeaba a los demonios con rayos. Se pensaba que los relámpagos siempre caían en lugares donde se escondían fuerzas malignas.

Si una persona moría alcanzada por un rayo, esto podía interpretarse como prueba de que estaba relacionada con espíritus malignos o, por el contrario, como una señal de la misericordia divina.