¿Son realistas la Moscú y la URSS de la nueva serie ‘Ponies’ de Peacock?
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Moscú soviética. Años 70. Dos empleados de la embajada estadounidense (y, a tiempo parcial, agentes de la CIA) mueren en circunstancias extrañas. Sus esposas quieren averiguar qué ocurrió y piden trabajar ellas mismas en el servicio.
Es plena Guerra Fría, pero las chicas, sin ningún tipo de preparación, empiezan a trabajar “en el campo”, y una de ellas incluso se hace pasar por rusa e intenta seducir a un agente del KGB para sonsacarle secretos.
Este es el punto de partida de la nueva serie Ponies del canal Peacock. PONIes (Person of No Interest) se traduce como “personas que no representan interés para los servicios especiales”. Precisamente eso es en lo que se convierten de repente dos estadounidenses en la Moscú soviética de los años setenta.
Ruso macarrónico con acento
‘¡Tu madre, dame mis huevos!’, así discute el personaje de Emilia Clarke, en un ruso roto y con un fuerte acento, con una vendedora que, por cierto, también le responde con un acento muy marcado.
En general, todos los “rusos” de la serie hablan ruso con un acento muy fuerte. Por eso, el hecho de que la heroína de Clarke intente hacerse pasar por rusa resulta, como mínimo, curioso.
Detalles y ambientación
En la serie no hay “cirílico falso”, del que pecan muchas producciones estadounidenses: todos los nombres y rótulos en ruso están escritos correctamente. Incluso los lemas y carteles soviéticos que aparecen de pasada están bien colocados y vienen a cuento.
Eso sí, la expresión “pub soviético” suena a oxímoron. Aunque quizá los empleados de la embajada estadounidense conocían realmente algún lugar secreto así en la capital soviética.
Sin embargo, el ambiente de los apartamentos soviéticos solo recuerda de lejos a la realidad. También están interpretadas con demasiada libertad las dachas soviéticas, los bares y restaurantes, así como la vestimenta de los personajes. Todo parece de finales de los años setenta, pero todo está muy lejos de la realidad soviética.
La ‘Moscú’ soviética
Las escenas iniciales de la serie parecen prometedoras y da la impresión de que la realidad soviética ha sido recreada con esmero y precisión. Pero después empieza… Hungría. La serie se rodó en Budapest, por lo que la “Moscú soviética” se parece demasiado a la propia Budapest.
Salvo un par de planos reales de localizaciones como la Plaza Roja (además, sin los protagonistas), todo lo demás no se parece en nada a Moscú.
Momentos sonrojantes son que la famosa Catedral de San Basilio aparece de pronto en una calle, o las estrellas rojas del Kremlin hechas con CGI de fondo.
Tampoco se molestaron en reproducir lugares moscovitas bien conocidos. Por ejemplo, el mítico restaurante “Praga” en la serie aparece así:
Cuando en realidad tiene este aspecto:
Y el GUM, el legendario gran almacén de la Plaza Roja, en Ponies aparece así y, por alguna razón, está situado en una supuesta calle Makárova:
Recordamos que el GUM en realidad es así:
Los famosos baños Sanduný fueron “rodados” en los baños Széchenyi de Budapest (una localización demasiado reconocible).
Podeís ver cómo son realmente los Sanduný, en este reportaje fotográfico.
Estereotipos sobre rusos malos
La serie está llena de pasajes antisoviéticos. Moscú es llamada directamente “el lugar más terrible y espantoso”. Y en la embajada estadounidense, en invierno, supuestamente cortan la calefacción, por lo que los pobres diplomáticos pasan frío.
El KGB aparece como el mal en estado puro, que escucha absolutamente a todo el mundo, y sus agentes son terribles “malos” rusos que matan a diestro y siniestro (los agentes de la CIA, por supuesto, aquí son chicos muy majos).
Ponies es otro más de los típicos thrillers de espionaje estadounidenses, lleno de errores y absurdos. Aunque la trama resulta bastante atractiva, volvemos a ver imágenes estereotipadas de los “malos rusos”, propias precisamente de las películas de espías de la Guerra Fría. Y resulta sorprendente encontrarse con todo esto de nuevo en 2026.