Cómo un cirujano ruso convirtió cuerpos congelados en el primer atlas tridimensional del ser humano

Puerta a Rusia (Foto: Dominio público)
Puerta a Rusia (Foto: Dominio público)
Una sierra de carpintero y el frío se adelantaron en un siglo a la tomografía y la resonancia magnética.

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A mediados del siglo XIX, todos los manuales de anatomía se elaboraban a partir de autopsias de cadáveres recientes. Pero en cuanto el cirujano abría la cavidad torácica o abdominal, los órganos se desplazaban y perdían su forma y posición originales. El destacado cirujano ruso Nikolái Pirogov comprendió que aquellos dibujos podían inducir a error a los estudiantes. Esto le llevó a buscar un método completamente diferente para reflejar de forma real la anatomía.

Galería Tretiakov Retrato del cirujano Nikolái Ivánovich Pirogov
Galería Tretiakov

La solución consistió en congelar el cuerpo hasta que adquiriera la dureza de una piedra y después serrarlo en finas láminas. Pirogov supervisaba personalmente el proceso: los cadáveres se mantenían a una temperatura de unos –25 °C durante dos o tres días. Los cortes se realizaban con una sierra mecánica diseñada para obtener secciones de entre 5 y 10 mm de grosor, con intervalos de 6-7 mm entre ellas. Para obtener una imagen tridimensional, cada cadáver era seccionado en tres planos perpendiculares entre sí. Así nacieron cientos de preparaciones anatómicas.

Foto de archivo N.I. Pirogov, sección de anatomía topográfica
Foto de archivo

Solo quedaba trasladar aquellas secciones congeladas al papel. Pirogov colocaba sobre la superficie de cada corte un cristal o papel transparente dividido en una cuadrícula. Después trazaba los contornos de todas las estructuras visibles: músculos, huesos, vasos sanguíneos y órganos internos. La cuadrícula funcionaba como un sistema de coordenadas que permitía trasladar la imagen a tamaño natural al dibujo definitivo con precisión matemática. Combinando los cortes obtenidos en distintos planos era posible reconstruir la posición de los órganos entre sí con una exactitud hasta entonces inalcanzable.

Foto de archivo
Foto de archivo

El resultado de años de trabajo fue una obra publicada entre 1852 y 1859: Anatomía topográfica ilustrada mediante cortes realizados en tres direcciones a través del cuerpo humano congelado. Constaba de cuatro volúmenes, 224 láminas y más de 1.000 dibujos a tamaño natural.

El propio Pirogov señalaba con orgullo que “la posición de muchos órganos (el corazón, el estómago, los intestinos) resultó ser completamente distinta de como suele aparecer en las autopsias”.

El atlas se convirtió en una obra de referencia para varias generaciones de médicos de todo el mundo.