Proyectos de cazas de Antónov que no llegaron a volar nunca

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La oficina de diseño de Oleg Antónov es conocida sobre todo por sus aviones de transporte, desde el legendario An-2 hasta gigantes como el An-124 y el An-225. Sin embargo, durante los primeros años de existencia de su OKB también estudió la posibilidad de desarrollar cazas a reacción. Ninguno de aquellos proyectos llegó a volar, pero muestran una faceta mucho menos conocida del célebre constructor soviético.

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Antónov ‘M’ (E-153): el caza de ala volante

Entre 1947 y 1948, Antónov trabajó en uno de sus diseños más atrevidos: el caza experimental “M”, posteriormente asociado a la denominación E-153. El aparato adoptaba una configuración sin cola cercana al concepto de ala volante y debía estar propulsado inicialmente por dos turborreactores RD-10 de 900 kg de empuje cada uno.

Su armamento previsto estaba formado por cañones de 23 y 37 mm. Según los cálculos, podría alcanzar unos 950 km/h, disponer de un techo práctico de 10.000 metros y recorrer al menos 620 km volando a gran altitud. Posteriormente se estudió una variante rediseñada con un solo motor RD-45 y modificaciones importantes en el ala y los controles.

airwar.ru
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El proyecto avanzó más que un simple estudio sobre el papel: se construyó un planeador experimental E-153 destinado a comprobar la configuración aerodinámica. Sin embargo, las autoridades soviéticas terminaron rechazando el programa. La novedosa disposición aerodinámica y estructural exigía numerosos ensayos y un importante trabajo de desarrollo, por lo que el futuro caza nunca llegó a realizar un vuelo propulsado.

El interceptor supersónico de 1952

Antónov no abandonó inmediatamente la idea de construir cazas. A finales de 1952, leemos en Elektronaya Biblioteka, cuando todavía no estaba completamente definida la especialización futura de su oficina de diseño, comenzó a estudiar un nuevo interceptor supersónico. Esta vez abandonó el concepto de ala volante y optó por una configuración mucho más propia de la nueva generación de reactores: ala delta y una gran toma de aire frontal.

El avión debía utilizar un turborreactor AL-7, desarrollado por el equipo de Arjip Liulka.

En algunas versiones del proyecto se contemplaba además un potente armamento de cañones automáticos. Los cálculos apuntaban a prestaciones muy superiores a las del anterior E-153 y situaban al aparato dentro de la nueva generación de interceptores supersónicos que comenzaban a aparecer en la URSS.

Viacheslav Bujárov (CC BY-SA 4.0) Turborreactor AL-7 conservado en un museo.
Viacheslav Bujárov (CC BY-SA 4.0)

A diferencia del “M”, el proyecto recibió una valoración favorable del TsAGI, el principal instituto soviético de investigación aerodinámica. Sin embargo, eso no fue suficiente: el Ministerio de la Industria Aeronáutica decidió no incluirlo en el programa de construcción experimental para 1953. El interceptor quedó, por tanto, reducido a un proyecto preliminar y nunca se construyó un prototipo.

OpenAI Reconstrucción de la planta del ‘Proyecto de 1952’ realizada con OpenAI.
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¿Por qué Antónov abandonó los cazas?

Aquellos dos intentos coincidieron con un momento en el que la oficina de Antónov todavía buscaba su lugar dentro de la industria aeronáutica soviética. El propio Oleg Antónov acumulaba experiencia en aviación de combate gracias a los años que había trabajado junto a Alexánder Yákovlev, precisamente durante la producción de cazas Yak-9.

airwar.ru Yak-9
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Pero mientras otros OKB soviéticos (MiG, Sujói o Yákovlev) se especializaban progresivamente en reactores de combate cada vez más rápidos, Antónov encontró su terreno natural en otro ámbito. El éxito del An-2 y, posteriormente, de sus aviones de transporte y aparatos capaces de operar desde pistas difíciles terminó definiendo el futuro de la oficina.

Archivo del Museo del Aire y el Espacio de San Diego Oleg Antónov, con dos pilotos junto a un An-2, 1954
Archivo del Museo del Aire y el Espacio de San Diego