Así ayudó la ‘Pequeña Carretera de la Vida’ a resistir a Leningrado en la Segunda Guerra Mundial
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Esta cabeza de puente, situada en la costa meridional del golfo y con unas dimensiones de 65 kilómetros de largo por 25 de ancho, fue mantenida por el Ejército Rojo tras encarnizados combates en el otoño de 1941. Aislada de Leningrado, tenía una importancia crucial para la defensa de la ciudad, ya que obligaba a mantener allí parte de las fuerzas del Grupo de Ejércitos Norte alemán. Su abastecimiento se realizaba por agua, al igual que el de la base naval de Kronstadt, en la isla de Kotlin, y el de los alejados puestos soviéticos de las islas de Seskar y Lavansaari.
Cuando a finales de noviembre el golfo quedó cubierto por el hielo, comenzó la construcción de una ruta sobre su superficie helada. El primer convoy de vehículos partió el 17 de diciembre de 1941. Entre la cabeza de puente y la localidad de Lisi Nos, cerca de Leningrado, había 24 kilómetros, que los camiones tardaron seis horas en recorrer. La ruta funcionaba las 24 horas del día, aunque se intentaba circular principalmente de noche para evitar el fuego enemigo. Los convoyes estaban protegidos por los fuertes de Kronstadt y por los “bueri”, unos veleros sobre patines que recorrían el hielo del golfo con soldados armados con ametralladoras a bordo.
Un desafío especialmente difícil fue abastecer las guarniciones de Seskar y Lavansaari. La “Pequeña Carretera de la Vida” hacia estas islas comenzaba en el extremo occidental de la cabeza de puente de Oranienbaum y discurría junto a la costa ocupada por los alemanes. Durante unos 75 kilómetros, los camiones avanzaban prácticamente a ciegas, con los faros apagados, siguiendo cuidadosamente a un grupo de exploradores que marchaba por delante.
A partir de comienzos de noviembre de 1943 comenzaron a trasladarse secretamente a la cabeza de puente unidades del 2.º Ejército de Choque: 53.000 soldados, 2.300 vehículos, 214 tanques y 700 piezas de artillería y morteros.
El 14 de enero comenzó la operación “Trueno de Enero”, durante la cual el Ejército Rojo alejó a las fuerzas enemigas de Leningrado y logró levantar completamente el sitio de la ciudad. Precisamente las tropas concentradas en la cabeza de puente de Oranienbaum fueron las primeras en pasar a la ofensiva.
La operación tomó completamente por sorpresa a los alemanes: no habían imaginado que los soviéticos pudieran concentrar en secreto una fuerza de ataque de semejante magnitud en aquel pequeño y aislado sector de la costa.