¿Cómo se veraneaba en tiempos del Imperio ruso? De las dachas a los primeros balnearios
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¿Cuándo aparecieron las dachas en Rusia?
Borís Akbulátov. El zar Pedro en las Aguas de Marte. 1982.
Desde tiempos antiguos, los nobles rusos recibían propiedades rurales como recompensa por sus servicios al Estado, que después podían transmitir en herencia. Se encontraban fuera de las ciudades (en ocasiones, muy lejos de las capitales) y durante mucho tiempo fueron consideradas principalmente una fuente de ingresos y no un lugar de descanso.
La palabra “dacha” apareció durante el reinado de Pedro I. Procede del verbo ruso “dar” (давать). Para evitar que los funcionarios y nobles de San Petersburgo abandonaran la ciudad durante el verano para instalarse en sus lejanas propiedades familiares, el emperador comenzó a concederles gratuitamente terrenos en las proximidades de la capital. Quienes los recibían debían acondicionarlos por su cuenta y construir hermosas casas siguiendo modelos arquitectónicos europeos.
Cerca de San Petersburgo, uno de los lugares de esparcimiento más populares era la estación de tren.
Durante el reinado de Catalina II se puso de moda en Rusia pasar tiempo en contacto con la naturaleza, pasear y contemplar el paisaje. Las propiedades rurales comenzaron a transformarse siguiendo el estilo inglés, con frondosos parques paisajísticos y estanques artificiales.
Sin embargo, las dachas no se hicieron verdaderamente populares hasta el siglo XIX, coincidiendo con el desarrollo del ferrocarril. Al principio, esta forma de ocio se extendió principalmente entre los habitantes de San Petersburgo, que se quejaban de la escasez de parques y lugares de recreo en la ciudad.
Más tarde, las dachas se extendieron por toda Rusia. Cada verano, funcionarios, médicos, profesores y comerciantes abandonaban las ciudades para instalarse en el campo. Después de la abolición de la servidumbre en 1861, muchos terratenientes con dificultades económicas comenzaron a dividir sus propiedades en parcelas y alquilarlas a los habitantes de las ciudades.
Piatigorsk. Baños Novo-Saboneevski. Denominación actual: Baños Pushkin.
En torno a las líneas ferroviarias surgieron poblaciones enteras formadas por casas de madera. Antón Chéjov escribió en su obra El jardín de los cerezos: “Todas las ciudades, incluso las más pequeñas, están ahora rodeadas de dachas”.
Cómo comenzaron los rusos a ‘ir a tomar las aguas’
La tradición de acudir a balnearios de aguas medicinales apareció en Rusia en el siglo XVIII. Pedro I había visitado varios establecimientos termales europeos, entre ellos Karlsbad, Pyrmont y Spa. Al zar le gustó tanto este tipo de descanso que decidió buscar aguas curativas dentro de su propio país.
El primer balneario ruso se creó en 1719 en la septentrional gobernación de Olónets, territorio que actualmente forma parte de Carelia. En aquella época apareció también el primer conjunto de recomendaciones para los tratamientos termales. A los pacientes se les aconsejaba beber el agua medicinal en ayunas y caminar mucho. El propio Pedro I visitó el balneario en varias ocasiones. Sin embargo, después de su muerte, el establecimiento entró en decadencia.
A comienzos del siglo XIX resurgió en Rusia el interés por las aguas minerales. En 1805, el emperador Alejandro I firmó un decreto para crear el balneario de las “Aguas Minerales de Lípetsk”. Se decía que las propiedades terapéuticas de sus aguas no tenían nada que envidiar a las de los balnearios extranjeros.
Las Aguas Minerales del Cáucaso
Galería de agua mineral Narzán.
Durante la primera mitad del siglo XIX, los tratamientos termales en el Cáucaso eran todavía muy rudimentarios y carecían prácticamente de comodidades: los enfermos se bañaban en pozas y se alojaban en kibitkas. Además, el viaje no estaba exento de peligros, ya que podían producirse ataques de los montañeses.
En 1823, el profesor de farmacia Alexánder Neliubin estudió las aguas medicinales de Piatigorsk, Zheleznovodsk, Esentukí y Kislovodsk y descubrió nuevos manantiales terapéuticos. Como consecuencia, aumentó la popularidad de los balnearios caucásicos. El poeta Mijaíl Lérmontov fue uno de los grandes aficionados a las Aguas Minerales del Cáucaso y describió la vida en estos establecimientos en su novela Un héroe de nuestro tiempo.
A comienzos del siglo XIX, la aristocracia seguía prefiriendo los balnearios europeos. Pero, hacia finales de siglo, la infraestructura de los centros rusos había crecido considerablemente: aparecieron hoteles, restaurantes y teatros, mientras que los baños medicinales comenzaron a tomarse en establecimientos especializados, algunos de ellos de gran belleza arquitectónica, como los Baños Principales de Narzán de Kislovodsk.
Viajar “a tomar las aguas” exigía importantes desembolsos económicos. Además, muchos viajeros no acudían allí solo para recibir tratamiento: los balnearios eran también lugares para cotillear, presumir de nuevos vestidos y comenzar romances.
Balnearios marítimos: sanatorios, casas de baños y aire medicinal
Dama entre cipreses. Crimea, localidad de Gurzuf.
Antes de la Revolución era posible veranear en las costas de cuatro mares: el Báltico, el Caspio, el de Azov y el Negro.
Sestroretsk, cerca de San Petersburgo, era considerado el balneario mejor acondicionado de la costa báltica. Allí funcionaba durante todo el año la única piscina cubierta de Rusia.
Sin embargo, la costa del mar Negro, y especialmente Crimea, gozaba de una popularidad mucho mayor. Debido a su agradable clima, la costa meridional de la península era conocida como la “Riviera rusa”.
Partida de críquet en la casa de campo.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX se inauguraron sanatorios y establecimientos terapéuticos en Yalta, Alushta, Gurzuf, Alupka, Simeíz, Eupatoria, Saki, Feodosia y Sudak. Los aristócratas compraban terrenos en Crimea para construir sus residencias estivales y dachas. La península estaba especialmente recomendada para los enfermos de tuberculosis. El escritor Antón Chéjov también tenía una casa en Yalta.
Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX comenzaron a desarrollarse asimismo los balnearios de la costa caucásica, entre ellos Sochi y Anapa.
Lev Lagorio. Una casa de campo, 1892.
A principios del siglo XX empezaron a acondicionarse playas en los centros turísticos, aunque tenían poco que ver con las actuales. Los bañistas utilizaban las llamadas “máquinas de baño”, en cuyo interior podían cambiarse de ropa. Hombres y mujeres no podían bañarse a la vista unos de otros, ya que se consideraba indecoroso.
Además de estas instalaciones móviles existían casas de baños públicas y permanentes, que a menudo pertenecían a los sanatorios. Se construían en la orilla, junto al agua, o directamente sobre el mar mediante pilotes.
¿Cuánto costaba veranear en un balneario?
Iván Kramskói. Casa de campo del artista en Siverskaya, 1883.
Viajar a estos centros turísticos antes de la Revolución era extremadamente caro. En 1914, por ejemplo, un mes de tratamiento en el balneario de lodos de Saki, en Crimea, costaba entre 140 y 350 rublos. Como comparación, el salario mensual de los trabajadores de las fábricas metalúrgicas del sur de Rusia rondaba los 40 rublos.
Además, había que pagar aparte servicios como el alquiler de toallas y sombrillas o la ropa de cama.
La versión completa del artículo fue publicada originalmente en ruso en Culture.ru.