¿Qué pasaba en Rusia mientras Europa vivió el ‘año sin verano’?

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Oscuridad, un sol apagado, heladas, tormentas, interminables lluvias frías y frecuentes nevadas: así fue el verano de 1816 en Europa. La causa de aquellas anomalías meteorológicas fue la potente erupción del volcán Tambora, en Indonesia, y la enorme cantidad de ceniza expulsada a la atmósfera. Las consecuencias fueron graves: pérdida de cosechas, muerte del ganado, rápida subida del precio de los cereales, hambre, aumento de la delincuencia y disturbios.

El Imperio ruso apenas se vio afectado por esta tragedia. En general, se mantuvo un clima cálido y moderado, que permitió obtener una buena cosecha y aumentar las exportaciones de trigo hacia Occidente, que sufría una grave crisis alimentaria. De la noche a la mañana, el país se convirtió en uno de los principales proveedores mundiales de cereales y mantuvo esta posición durante todo el siglo XIX.

Las consecuencias del “año sin verano” se dejaron sentir en Rusia mucho más tarde. Las anomalías meteorológicas de 1816 provocaron una mutación del vibrio del cólera y el estallido de una devastadora epidemia de cólera en Bengala, India. Catorce años después, la epidemia alcanzó el Imperio ruso y se cobró la vida de casi 200.000 personas.