¿Por qué en este cuadro el rey de Prusia se inclina ante Moscú?
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En 1818, Rusia recibió la visita de un invitado real: el rey Federico Guillermo III de Prusia. Había viajado por asuntos familiares: su hija, Carlota de Prusia (convertida tras su matrimonio en la gran duquesa Alexandra Fiódorovna) acababa de dar a luz a un hijo. El monarca pidió a su yerno, el futuro emperador Nicolás I de Rusia, que le mostrara Moscú, pues deseaba ver con sus propios ojos la ciudad devastada durante el incendio y la invasión francesa de 1812.
Decidieron enseñar Moscú al rey, desde el belvedere de la Casa Pashkov, desde donde “la ciudad podía verse casi hasta sus límites”. Al contemplar el panorama de la antigua capital rusa, Federico Guillermo III hizo algo inesperado: se arrodilló.
“Acabábamos de subir todos a la torre Pashkov y de contemplar aquellas calles y casas quemadas cuando, para mi enorme sorpresa, el viejo rey, aquel ‘hombre de madera’, como lo llamaban, cayó de rodillas y ordenó a sus hijos que hicieran lo mismo. Tras inclinarse tres veces ante Moscú, repitió varias veces con lágrimas en los ojos: ‘¡He aquí nuestra salvadora!’”, escribió el conde Pável Kiseliov, que acompañaba al monarca.
Precisamente este instante fue el que plasmó Nikolái Matvéiev en su cuadro ‘El rey prusiano Federico Guillermo III con sus hijos agradece a Moscú por salvar su Estado’. Y tenía motivos para agradecerlo.
Al comienzo de la guerra de 1812, Prusia combatía del lado francés. Sin embargo, tras la derrota de Napoleón Bonaparte, declaró la neutralidad y firmó un acuerdo con Rusia, que garantizaba la restauración de las fronteras prusianas de 1806. Prusia recuperó gran parte de sus territorios y además recibió parte del reino de Sajonia, Renania y Westfalia, entrando posteriormente en la Confederación Germánica.
Durante mucho tiempo, el cuadro estuvo conservado en el Palacio de Alejandro. Desde 1931 forma parte de la colección de la Galería Tretiakov.