Miklujo-Maklái: el explorador que defendió la igualdad de los pueblos de Oceanía
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“Tuve la rara fortuna de observar a una población completamente aislada del contacto con otros pueblos y que vivía en un estadio de desarrollo cultural en el que todas las herramientas y armas se fabricaban con piedra, hueso y madera”, escribió el propio Miklujo-Maklái.
El investigador se opuso de forma categórica a la teoría, muy difundida en la segunda mitad del siglo XIX, que defendía la supuesta desigualdad entre las razas humanas. Según esa idea, los aborígenes australianos y los papúes eran considerados una especie biológica inferior, situada entre los simios y el ser humano moderno. Miklujo-Maklái refutó sistemáticamente esas teorías, negando que los habitantes de Oceanía presentaran rasgos “simiescos”, como una supuesta “piel más dura” o una “distribución del cabello en mechones”, y subrayó las profundas similitudes psicológicas entre los papúes y los europeos.
El viajero soñaba con la creación de un Estado fuerte e independiente en Nueva Guinea que pudiera resistir la colonización europea. También propuso establecer un «protectorado europeo común» sobre la isla, sin interferir en sus asuntos internos. La parte nororiental de Nueva Guinea, que descubrió, exploró y bautizó como la Costa de Maklái, quería convertirla en una colonia rusa, pero el zar Alejandro III no mostró interés. Poco después, los alemanes se establecieron en la región.
Hoy, calles con el nombre de Miklujo-Maklái existen tanto en Rusia como en Papúa Nueva Guinea. También llevan su nombre un asteroide, una bahía frente a las costas de la Antártida y un género de insectos de Indonesia. En 1996, la UNESCO lo proclamó Ciudadano del Mundo.