5 datos sobre Alexandra Potánina, la primera exploradora rusa de Asia Central

Puerta a Rusia (Foto: Bildagentur-online/Contributor, Heritage Art/Heritage Images/Getty Images, Dominio público)
Puerta a Rusia (Foto: Bildagentur-online/Contributor, Heritage Art/Heritage Images/Getty Images, Dominio público)
Educación en casa, matrimonio, hijos... Esa era la vida que parecía destinada a Alexandra Lávrskaia. En lugar de eso, estudió pintura, vivió en una yurta y recorrió las estepas mongolas a lomos de un camello.

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1. En lugar de esposa de un sacerdote, se convirtió en viajera

A Alexandra Lávrskaia le esperaba una vida tranquila y convencional. Recibió educación en casa y, tras la muerte de su padre, que era sacerdote, debía casarse con su sucesor. Consiguió evitar aquel matrimonio de conveniencia y durante ocho años trabajó como educadora en la Escuela Diocesana Femenina de Nizhni Nóvgorod. En 1872, durante un viaje para visitar a su hermano, que se encontraba exiliado en la provincia de Vólogda, conoció al amor de su vida: el exiliado político Grigori Potanin.

Cuatro años después emprendieron su primera expedición juntos. Fue por el noroeste de Mongolia. En total, el matrimonio realizó cuatro viajes por Siberia Oriental, Mongolia, el Tíbet y China.

Potánina se preparaba concienzudamente para sus largos viajes: leía libros de geografía, estudiaba inglés y francés y recibió clases de pintura de Iván Shishkin, siguiendo además sus consejos a la hora de elegir las pinturas que llevaba consigo en sus expediciones.

2. No temía las dificultades

La describían como una “viajera incansable, preparada para soportar cualquier adversidad”. Podía pasar todo el día a caballo al mismo ritmo que los hombres, dormir en una yurta común sobre finas esterillas y no se quejaba ni del frío, ni de las nubes de mosquitos, ni del agua helada de los ríos. Se ocupaba de todas las cuestiones cotidianas, desde lavar la ropa hasta llevar las cuentas, y al mismo tiempo recogía herbarios y dibujaba plantas, animales y formaciones rocosas.

La presencia de una mujer en la expedición llegaba en ocasiones a tener efectos casi milagrosos. Cuando todos los hombres de la expedición fueron detenidos cerca del monasterio budista de Shara-sume y ella se quedó sola, reunió el valor necesario para dirigirse a las autoridades locales y consiguió que liberaran a su marido y a sus compañeros.

3. Fue una investigadora por derecho propio

Prestó especial atención a la vida cotidiana de los pueblos locales, un aspecto que hasta entonces apenas había sido estudiado: investigó sus creencias y costumbres y recopiló leyendas y tradiciones.

Potánina se interesó por los rituales chamánicos y describió detalladamente en sus escritos cómo celebraban sus ceremonias los chamanes urianjai (nombre con el que entonces se denominaba a los tuvanos). Además, fue la primera en traducir al ruso canciones chamánicas.

En total escribió cerca de una veintena de trabajos, entre estudios etnográficos y relatos de viajes.

Potánina también podía acceder a lugares vetados a los hombres. Era invitada a visitar a las esposas de príncipes mongoles y funcionarios chinos, lo que le permitía estudiar detenidamente su vida cotidiana. En momentos complicados, su facilidad para relacionarse con mujeres y niños ayudó además a resolver numerosos problemas.

4. Una de las primeras mujeres admitidas en la Sociedad Geográfica Rusa

En 1886 recibió una medalla de la Sociedad Geográfica Imperial Rusa por su libro Los buriatos, una de las primeras descripciones de su vida, costumbres y creencias. Ella bromeó diciendo que le habían concedido el premio “por lavar la ropa”.

Un año después se convirtió en miembro colaborador de la Sociedad.

5. Murió durante una expedición

A pesar de su carácter de acero, Alexandra había tenido una salud delicada desde niña. Su cuarta expedición sería también la última.

A finales de octubre de 1892, los Potanin partieron de Kiajta rumbo a China junto con otros científicos. En Pekín, Alexandra comenzó a encontrarse mal, pero decidió continuar el viaje. Ya en los confines del Tíbet sufrió un ataque. Apenas pudo volver a ponerse en pie, continuó trabajando en la medida de sus posibilidades y pintando los paisajes de la región.

Su marido decidió llevarla de regreso a Rusia, pero Alexandra Potánina murió durante el viaje de vuelta, el 19 de septiembre de 1893.