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Una ‘laoshi’ de Rusia: una profesora cuenta cómo viven y estudian los escolares chinos

El proyecto ‘Maestro ruso en el extranjero’ ha llegado a China.

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Desde 2024, ocho profesores rusos trabajan en cinco escuelas chinas, donde 524 alumnos estudian ruso, según datos de enero de 2026. Una de las participantes en el programa, Elena Gránkina, explicó en qué se diferencia una escuela china de una rusa y por qué sus alumnos la llaman “laoshi”.

Grandes escuelas y horarios estrictos

Las escuelas chinas impresionan tanto por sus dimensiones como por el número de alumnos. Su equipamiento tecnológico es mejor que el de las escuelas rusas: cada aula cuenta con pizarra interactiva, ordenador y proyector. El mobiliario, en cambio, es más sencillo: pequeños pupitres individuales y estrechos taburetes en lugar de sillas. Como todas las clases se imparten en la misma aula, los libros de texto permanecen sobre los pupitres.

El uniforme escolar consiste en un chándal, igual para todos, que únicamente cambia de color y emblema. En la espalda de la chaqueta figura el año de ingreso en la escuela.

Los alumnos de primaria tienen una jornada similar a la de los escolares rusos: sus padres los llevan por la mañana y los recogen después del almuerzo. Sin embargo, los estudiantes de secundaria viven en los campus.

Se levantan a las 6:50, dedican una hora a la lectura, hacen una reverencia a Confucio y, a las 8:00, comienzan las clases. La jornada termina a las 21:50, aunque entre las 13:00 y las 15:00 tienen tiempo para dormir y, después de la segunda clase, realizan media hora de ejercicio físico. Durante los recreos juegan al baloncesto, al bádminton y al voleibol.

“En la escuela secundaria hay unos 5.000 alumnos y entre 50 y 70 estudiantes por clase (cuenta Elena). Pero los adolescentes son muy disciplinados: a veces basta una mirada severa para que un alumno comprenda que el profesor no está satisfecho”.

¿Por qué ‘laoshi’ y no Elena Yúrievna?

En China no es habitual dirigirse a un profesor por su nombre. Se utiliza “laoshi” (老师), que literalmente puede traducirse como «viejo maestro»: «viejo» en el sentido de experiencia, no de edad. La propia palabra transmite respeto hacia la profesión.

Los alumnos también se dirigen a Elena simplemente como «profesora». Además de ser la costumbre, para los niños chinos resulta complicado pronunciar “Elena Yúrievna”, ya que los sonidos “l” y “r” les plantean dificultades.

Durante las clases, Elena intenta hablar exclusivamente en ruso, aunque ella misma está aprendiendo chino. Cuando necesita alguna traducción, recibe ayuda de sus compañeros o utiliza diapositivas. Cualquier intento de la profesora por decir algo en chino provoca un enorme entusiasmo entre sus alumnos.

Amabilidad, regalos y aplausos

Elena tardó un tiempo en acostumbrarse al elevado número de estudiantes y también le sorprendió que hubiera considerablemente más chicos que chicas. Pero lo que más destaca es la amabilidad.

Los escolares intentan ayudarla y agradarla, le ofrecen comida con frecuencia y le hacen pequeños regalos.

“Los alumnos chinos me recibieron con entusiasmo (cuenta la profesora). Durante los primeros meses tuve que conseguir que dejaran de aplaudirme al comienzo de las clases y de hacerse fotos conmigo al terminar”.

El respeto también se percibe entre sus compañeros de trabajo, que la ayudan incluso con cuestiones de la vida cotidiana.

Según Elena, los escolares chinos son trabajadores, perseverantes, motivados y emocionales. Para ella, el proyecto no solo supone adquirir experiencia profesional: también le permite conocer a personas interesantes, viajar a lugares de China alejados de los circuitos turísticos y aprender el idioma.

La profesora está convencida de que el proyecto no ha hecho más que empezar. En el futuro podría ampliar su presencia geográfica, aumentar el número de docentes e incluso incorporar nuevas asignaturas. Mientras tanto, el ruso se escucha cada vez más en las escuelas chinas y el interés por el idioma es mutuo.

El texto original fue publicado en ruso en 'Dzen'.