4 historias terroríficas recogidas por etnógrafos rusos

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¿Cuándo aparece la serpiente de fuego? ¿Quiénes eran los zombis rusos? Estas y otras historias escalofriantes forman parte del folclore eslavo. ¿Por qué no convenía alegrarse del regreso del marido fallecido, discutir con tu madre o beber hasta morir?

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1. El diablo a lomos de un difunto

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El investigador Dmitri Zelenin recogió en su obra Ensayos sobre mitología rusa diversas creencias relacionadas con las personas que habían sufrido una muerte violenta o antinatural. Se pensaba que estos difuntos seguían “viviendo” el tiempo que les había sido asignado en la Tierra, pero al otro lado de la tumba, y que pasaban a servir a las fuerzas malignas.

Esta creencia dio lugar a numerosas historias. En una de ellas, los diablos engancharon a un diácono muerto por culpa del alcohol a un carruaje de tres caballos para que tirase de ellos como si fuera uno de los animales.

Un herrero tuvo todavía más “suerte”. Una noche, unos jinetes elegantemente vestidos llegaron a su fragua y le exigieron que herrase a su caballo. Pero, cuando uno de los visitantes montó sobre el animal, el herrero descubrió algo espantoso: bajo la silla estaba una mujer, esposa de un sacerdote, que se había suicidado recientemente. ¡Y el jinete no era otro que el mismísimo diablo!

Las fuerzas malignas solían utilizar a los borrachos como mano de obra: si alguien bebía hasta morir, después debía dedicarse a transportar agua y leña.

2. No le faltes al respeto a tu madre

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Según las creencias eslavas, discutir con la madre no solo era una falta de respeto, sino que podía resultar muy peligroso. Las consecuencias podían sufrirse tanto en esta vida como después de la muerte.

La etnógrafa Elena Levkievskaya describió en su libro Mitos de los eslavos orientales el terrible destino de quienes eran maldecidos por sus madres en un arrebato de ira.

Los diablos o los espíritus del bosque se llevaban inmediatamente al niño, que ya no podía regresar por sus propios medios. Aunque su casa estuviera a un paso, le resultaba imposible escapar del otro mundo.

También se creía que la tierra se negaba a acoger a los hijos maldecidos por sus madres.

Una de las historias recogidas por los etnógrafos cuenta cómo unos aldeanos decidieron, por alguna razón, abrir la tumba de un hombre que llevaba treinta años muerto.

Para su sorpresa, descubrieron que el difunto estaba sentado dentro del ataúd.

Cuando le preguntaron qué sucedía, respondió que llevaba treinta años en aquella situación: “La tierra no me acepta, y Dios no permite que ella muera porque no me ha perdonado”.

Solo cuando su madre abandonase el rencor y lo perdonase podría morir ella y descansar finalmente su desgraciado hijo.

3. Zombis a la rusa

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La probabilidad de que una persona haya muerto, pero no del todo, es pequeña, aunque no inexistente. Al menos, eso creían los pueblos eslavos, que conocían un fenómeno llamado obmiranie, algo que hoy podríamos relacionar con el sueño letárgico.

Según estas creencias, durante ese estado el alma abandonaba el cuerpo y viajaba al más allá, donde se encontraba con familiares fallecidos y contemplaba los tormentos que sufrían los pecadores.

La persona regresaba a la vida cuando Dios se lo permitía, después de recibir instrucciones sobre lo que podía contar a sus vecinos y lo que debía mantener en secreto.

Sin embargo, sus sufrimientos no terminaban ahí. Cuando alguien despertaba de aquel estado de aparente muerte, los demás le pedían que recitase una oración para comprobar que realmente era quien decía ser.

4. El marido que regresaba de la tumba

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“Y sin apartar los ojos del cielo oscuro, junto a la ventana, vuela una larga serpiente que se enrosca en espirales, rodeada de brillantes chispas”.

Así describía el poeta Vasili Zhukovski la aparición de la llamada “serpiente de las viudas” o “serpiente de fuego”.

Este íncubo del folclore eslavo visitaba a las mujeres que lloraban la muerte reciente de sus maridos.

Después de aparecer espectacularmente sobre el tejado, envuelto en una lluvia de chispas, adoptaba la apariencia del esposo fallecido y se comportaba exactamente como él.

Cuanto más tiempo pasaba la serpiente con la viuda, peor se encontraba esta.

Librarse de semejante amante demoníaco era una tarea complicada y laboriosa.

En su libro Fuerzas impuras, desconocidas y de la cruz, Serguéi Maksímov mencionaba varios remedios considerados eficaces contra estas visitas sobrenaturales.

Uno de ellos era utilizar cardos. También se recomendaba sahumar la casa con incienso y dibujar cruces con tiza y alquitrán en todos los rincones.

Pero existía un método mucho más íntimo para descubrir al impostor: ponerse el cinturón de los pantalones del marido o palparle la espalda.

Si todo resultaba familiar, significaba que se había producido un milagro.

En cambio, si la mano no encontraba la columna vertebral, la situación era mucho más preocupante: aquel marido era falso.