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Los Demídov: los industriales más ricos del Imperio ruso

Puerta a Rusia (Photo: Legion Media; Dominio público; Foto de archivo)
Los miembros de esta familia fueron grandes impulsores de la industria metalúrgica rusa y consiguieron ascender desde sus orígenes campesinos hasta la aristocracia.

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De simples herreros de Tula, los Demídov llegaron a obtener un título nobiliario en Rusia y, más tarde, incluso se convirtieron en príncipes italianos de San Donato, propietarios de lujosas villas. ¿Cómo lo consiguieron?

Un herrero con mucho ingenio

Todo comenzó con Pedro I. Fue durante su reinado cuando, por primera vez, una persona de origen humilde pudo tener la oportunidad de ascender socialmente gracias a su talento.

Y talento era precisamente lo que tenía Nikita Demídov, un sencillo herrero de Tula. Era un hombre extremadamente emprendedor. Según la leyenda, en una ocasión reparó la pistola de un noble de la corte y después le entregó tanto el arma original como una copia fabricada por él mismo. El noble fue incapaz de distinguirlas y habló a Pedro I de aquel extraordinario armero.

Nikita Demídov
Foto de archivo

El propio Pedro decidió poner a prueba al maestro de Tula, que fabricó para él varias copias de armas occidentales. El zar quedó tan satisfecho con el resultado que comenzó a encargar armamento a Demídov. Durante los veinte años de la Gran Guerra del Norte, el Ejército ruso utilizó por primera vez fusiles y cañones fabricados en Rusia.

Pedro permitió a Demídov ampliar su producción. En Tula se fundó la primera fábrica de armas de Rusia y la ciudad acabó convirtiéndose en la capital armera del país.

El zar también encargó a Demídov organizar fábricas de hierro en los Urales. El industrial obtuvo un enorme éxito, aportó importantes ingresos al Tesoro y contribuyó económicamente a la construcción de San Petersburgo.

Por sus servicios, los Demídov recibieron la nobleza hereditaria. Los sucesivos monarcas favorecieron a los industriales, concediéndoles privilegios y condiciones especiales para utilizar tanto los recursos naturales como la mano de obra de los siervos.

El “rey de los Urales”

La dinastía experimentó su verdadero apogeo con el hijo de Nikita, Akinfi Demídov, que alcanzó un éxito extraordinario y amasó una inmensa fortuna. Se le conoce como el “rey de los Urales” o el “gigante de los Urales”.

Akinfi Demídov
Dominio público

Continuando la obra de su padre, explotó buena parte de los yacimientos de la región y construyó una decena de plantas metalúrgicas, convirtiéndose en uno de los principales proveedores del Imperio.

Demídov también tuvo que desenvolverse en numerosas intrigas políticas. Se sabe que sobornaba a funcionarios que pretendían hacerse con parte de sus riquezas y que podía desacreditar ante los monarcas a quienes se interpusieran en su camino. Mantuvo además estrechos vínculos con Biron, favorito de la emperatriz Anna Ioánovna y uno de los hombres más poderosos del Imperio.

La torre inclinada de Neviansk
Legion Media

Sobre la inteligencia y astucia de Demídov circularon las leyendas más increíbles.

En 1736, Akinfi descubrió yacimientos de plata en Siberia y el Altái. Durante mucho tiempo no informó de ello a la capital y, según la leyenda, comenzó a acuñar clandestinamente monedas con el perfil de la emperatriz.

La zarina, enfurecida, habría llamado entonces a Demídov a la capital. Él se presentó con una cesta llena de sus monedas falsas. Cuando ella le preguntó: “¿De quién son estos rublos, tuyos o míos?”, Demídov habría respondido: “¡Todos nosotros somos tuyos, madrecita! Así que los rublos también son tuyos”.

También existen oscuras leyendas sobre la inclinada torre de Neviansk, construida por orden de Akinfi en una de las fábricas de los Demídov. Supuestamente, en sus sótanos se acuñaban monedas falsas y Demídov habría ordenado inundarlos con toda la maquinaria y los trabajadores encadenados en su interior. El hecho de que la torre estuviera inclinada fue atribuido popularmente a las “fechorías” de los Demídov.

No existen pruebas documentales de estas historias, aunque también circularon numerosas leyendas sobre la crueldad de la familia. Una de ellas asegura que idearon un peculiar castigo para los trabajadores que se emborrachaban: colgarles del cuello una pesada medalla de hierro fundido. Al parecer, la idea gustó al propio Pedro I, que comenzó a imponer un castigo semejante a algunos de sus nobles.

Príncipes italianos

La fortuna de los Demídov era colosal y llegó a compararse con el presupuesto de algunos Estados europeos. La familia construyó más de 50 fábricas por toda Rusia. Gracias a ellas, el país reforzó su Ejército y su Armada e incluso comenzó a exportar metales.

Anatoli Demidov
Dominio público

Sin embargo, no todos los miembros de la dinastía tuvieron el mismo talento para los negocios. Akinfi mantuvo numerosos conflictos con sus hermanos y sus descendientes también se enfrentaron por el reparto de la herencia. La fortuna acumulada por Akinfi siguió financiando a sus descendientes hasta finales del siglo XIX.

El despilfarro de algunos herederos provocó grandes escándalos. En 1778, por ejemplo, Prokofi Demídov organizó en San Petersburgo una fiesta en la que se repartió vodka gratuitamente. Se decía que aquel despliegue de generosidad acabó provocando la muerte de más de 500 personas.

Con las siguientes generaciones, las fábricas comenzaron también a entrar en decadencia y algunas tuvieron que pasar a manos del Estado. Aprovechando el prestigio de su apellido, los Demídov recibieron enormes cantidades de dinero público para buscar y desarrollar yacimientos de oro, aunque sin éxito.

Aun así, entre los miembros de la familia hubo destacados militares y altos funcionarios del Estado. Muchos descendientes vivieron en el extranjero. En 1827, Nikolái Demídov compró unas tierras cerca de Florencia. Su hijo Anatoli construyó allí una lujosa villa y el gran duque de Toscana le concedió el título de príncipe de San Donato. Anatoli estaba, además, emparentado con el propio Bonaparte: se casó con su sobrina Matilde.

Alejandro II permitió que el título pudiera transmitirse por herencia. Para legitimarlo en Rusia, los Demídov construyeron en los Urales un asentamiento llamado San Donato, que todavía existe.

Los favoritos de los zares después de la Revolución

La fábrica de Verjni Ufaléi
Foto de archivo

Con el paso del tiempo, los Demídov acabaron mezclándose con otras familias aristocráticas y sus descendientes continúan viviendo en el extranjero.

Muchos de los que permanecieron en Rusia no sobrevivieron a la Revolución: fueron detenidos o víctimas de la represión. Hacia mediados del siglo XX, la rama de la familia que permanecía en la URSS se había extinguido.

Sin embargo, muchas de las fábricas fundadas por los Demídov siguen funcionando en la actualidad.