10 obras del vanguardista Mijaíl Lariónov que deberías conocer
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1. 'Acacias en primavera' (1904)
Lariónov guardó siempre un profundo cariño por Tiráspol, la ciudad de su infancia. Incluso se tatuó en el brazo izquierdo la fecha de su nacimiento: 22 de mayo de 1881.
“Me gusta volver a esos momentos que tanto me emocionan y desear que mi joven vida y aquellas maravillosas mañanas se repitan. Quisiera detenerlas para siempre y vivir únicamente en ellas”, escribió.
En 1898 ingresó en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, donde estudió con maestros como Valentín Serov, Konstantín Korovin e Isaac Levitán. Sin embargo, seguía regresando con frecuencia a su ciudad natal.
Fue precisamente en Tiráspol donde pintó algunas de sus obras impresionistas más célebres, entre ellas la lírica 'Acacias en primavera'. La pintura fue adquirida por el conocido coleccionista Nikolái Riabushinski. La fama de Lariónov comenzó gracias a las exposiciones organizadas por la revista El Vellocino de Oro, editada por este mecenas.
2. 'El peluquero' (1907)
Lariónov fue uno de los estudiantes más brillantes de su generación. Buscaba incansablemente nuevas formas de expresión y rechazaba cualquier fórmula artística establecida.
Inspirado por los impresionistas franceses y por la colección del mecenas Serguéi Shchukin, desarrolló una serie de obras neoprimitivistas dedicadas a peluquerías de provincias.
En ellas aparecen los característicos carteles populares rusos, figuras simplificadas y una estética deliberadamente ingenua. Las escenas resultan casi grotescas. Los críticos las rechazaron, pero Lariónov estaba decidido a convertir todo lo que le rodeaba en materia para la experimentación artística.
3. 'Bueyes descansando' (1908)
Donde estaba Lariónov, había escándalo.
En 1902 presentó todas sus obras en una exposición estudiantil, colgándolas no solo en las paredes, sino también en las puertas y colocándolas incluso en el suelo. Tras recorrer la sala, la comisión organizadora abandonó el lugar en silencio y lo clausuró inmediatamente.
Algunas de las pinturas fueron consideradas pornográficas y el artista fue suspendido durante seis meses.
En 1908 viajó a una finca de la región de Jersón para pintar al aire libre. Los habitantes de la granja (patos, gansos, cabras y bueyes) se convirtieron entonces en los protagonistas de sus cuadros.
4. 'Soldado descansando' (1911)
En 1910 Lariónov fue uno de los organizadores de la célebre exposición La sota de diamantes, en la que participaron artistas experimentales como Aristarj Lentúlov, Iliá Mashkov, Piotr Konchalovski y Robert Falk. El nombre de la exposición fue idea suya.
Sin embargo, pronto rompió con sus compañeros y creó su propia muestra: La cola del burro.
En 1911 presentó más de cien obras en una exposición individual. La crítica fue despiadada y llegó a afirmar que Lariónov era “un artista que promete acabar en la completa demencia”.
Tampoco gustaron sus cuadros de soldados descansando, aunque estaban pintados del natural. Entre 1910 y 1912 realizó el servicio militar y retrató la vida cotidiana de los campamentos militares combinando el primitivismo con la tradición de los grabados populares rusos.
5. 'Venus katsapa' (1912)
Durante sus años de estudiante conoció a la artista Natalia Goncharova, que se convertiría en su musa, compañera artística y posteriormente esposa.
Siempre irónico, Lariónov inició en 1912 una serie de cuadros dedicados a Venus. En ellos pueden reconocerse ecos de la Olimpia de Édouard Manet y de la Venus de Urbino de Tiziano.
Sin embargo, las Venus de Lariónov no eran bellezas idealizadas. Eran mujeres corrientes, amas de casa de carácter fuerte, auténticas “diosas de la vida cotidiana”. Las acompañaban alfombras colgadas en la pared, gatos bien alimentados y flores sostenidas en la mano.
6. 'Gallo. Estudio rayonista' (1912)
En la década de 1910, Lariónov creó su propia corriente artística: el rayonismo.
Inspirado en parte por la obra de William Turner, buscó representar no los objetos, sino los rayos de luz reflejados por ellos. Según el artista, esos rayos borraban «las fronteras existentes entre la superficie pictórica y la realidad».
Uno de los primeros ejemplos fue Gallo. Estudio rayonista, donde el espectador apenas distingue la silueta del ave, que parece escapar de los límites del cuadro.
La obra fue presentada junto al manifiesto Los rayonistas y los futuristas en la exposición La Diana.
7. 'Retrato de Natalia Goncharova' (1915)
Lariónov retrató a su compañera en numerosas ocasiones.
Para este retrato eligió como fondo un collage formado por carteles de El gallo de oro y El abanico, espectáculos para los que Goncharova había diseñado la escenografía en el Teatro de Cámara de Alexander Tairov en Moscú.
8. 'Bosque' (1916)
En 1914, el célebre empresario Serguéi Diáguilev invitó a Lariónov y Goncharova a colaborar con los famosos Ballets Rusos.
Ambos abandonaron Rusia en 1915, recorrieron Europa con la compañía y, tras la Revolución rusa, se establecieron definitivamente en París.
Para el ballet Cuentos rusos, Lariónov diseñó decorados móviles. El bosque estaba cubierto de flores que se movían con el viento, creando la sensación de que todo el escenario (los personajes, la cabaña de Baba Yagá y los árboles) estaba vivo.
Lariónov diseñó seis ballets para los Ballets Rusos. Los bailarines se quejaban del peso de los trajes, pero el público quedó fascinado. Las parisinas incluso comenzaron a imitar los altos tocados utilizados por los artistas.
9. 'Mesa servida junto al agua' (Década de 1930)
En París, el impulso experimental de Lariónov se suavizó. Su estilo se volvió más refinado, aunque algunos ecos de su pasado siguieron apareciendo en sus nuevas obras.
En Mesa servida junto al agua representó a un hombre y una mujer desnudos dentro del agua, una clara referencia a una de sus pinturas anteriores: Soldados bañándose.
10. 'En una tarde de domingo' (Finales de los años 20 – comienzos de los 30)
Lariónov y Goncharova solo contrajeron matrimonio oficialmente en 1955, aunque llevaban décadas juntos. Ella falleció en 1962 y él dos años después.
La segunda esposa del artista y musa durante muchos años, Alexandra Tomílina, heredó las colecciones de ambos artistas y las legó posteriormente a la Unión Soviética.
'En una tarde de domingo' es una obra profundamente nostálgica. Parece un fotograma extraído de una película olvidada: el paisaje aparece envuelto en una neblina que no parece niebla real, sino la luz reflejada por los recuerdos.