¿Sabías que Lev Tolstói fue un exitoso agricultor?
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Ganó bastante dinero con ello. Parece que esta afición le vino por herencia, al igual que su finca de Yásnaya Poliana. El abuelo del autor legó una enorme parcela con árboles frutales, que Tolstói convirtió en un vasto huerto. Solo de manzanos llegó a tener ocho mil ejemplares. También plantó melocotoneros y ciruelos, construyó invernaderos, organizó un huerto de hortalizas y crió abejas. Y no rehuía el trabajo: al igual que los campesinos, cuidaba personalmente sus tierras. Le encantaba pasear "por el huerto o el jardín para comer todas aquellas verduras y frutas que estaban en sazón". Y se preocupaba por las cosechas: "los ratones se han comido unos 300 magníficos manzanos".
Por supuesto, los Tolstói no consumían toda aquella producción ellos solos, sino que vendían el excedente. Con ello obtenían unos ingresos considerables: en una sola temporada podían llegar a ganar 1.700 rublos por la venta de fruta y madera, una cantidad muy superior a lo que un ingeniero ganaba en todo un año.