Así abrieron los escritores Chéjov y Giliarovski el primer gimnasio de Rusia
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La idea fue del famoso periodista y escritor Vladímir Giliarovski y del médico Piotr Póstnikov, quienes invitaron a participar, entre otros, a un estudiante de medicina y joven escritor llamado Antón Chéjov.
Antón Chéjov
Así era aquel “gimnasio” de 1883: “…dos postes suecos, varios palos y cuerdas. En el centro se colocaba una barra fija; más cerca de la pared colgaban dos pares de anillas y un trapecio. El salón terminaba en un gran arco redondo abierto, detrás del cual, en una pequeña habitación, había un vestuario con cajas de madera para guardar la ropa de gimnasia y una fila de floretes, máscaras de hierro y otros equipos de esgrima”.
Vladímir Giliarovski
Los visitantes admitían que el lugar no era especialmente limpio: olía a alcantarilla, la iluminación corría a cargo de lámparas de queroseno que desprendían mucho humo y, en ocasiones, incluso explotaban. Eso sí, la cuota anual era barata: solo 12 rublos (unos 18.000 rublos actuales).
En el gimnasio se podía entrenar de forma individual o en grupo y tomar clases de esgrima. Las autoridades urbanas veían la iniciativa con desconfianza: temían que aquellos gimnastas estuvieran tramando algo. Por ello, agentes encubiertos visitaban el lugar haciéndose pasar por socios, en el bulevar Strastnói vigilaban informadores de la policía secreta, y en la esquina de la calle Bolshaya Dmítrovka se instaló un puesto policial.
Chéjov acudía regularmente al gimnasio, aunque “…no entrenaba con constancia, abandonaba a menudo un aparato u otro y prefería observar cómo practicaban los demás”. Comparado con el corpulento Giliarovski, parecía más bien débil, y bromeaba: “¿Qué clase de gimnasta soy yo? Soy un hombre débil, moderno”.