¿Cómo acabaron Nicolás II y Antón Chéjov en Sri Lanka?
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Puerta de entrada a Rusia
Colombo – Port of Call es un nuevo libro publicado por Penguin Random House. Su autor es el escritor indio Ajay Kamalakaran, uno de cuyos grandes intereses es Rusia y que pasó años investigando el viaje oriental de Antón Chéjov de regreso de Sajalín, así como las conexiones bilaterales entre Rusia y Oriente (como los vínculos espirituales entre Lev Tolstói y Mahatma Gandhi).
Kamalakaran vivió varios años en Rusia, y uno de sus primeros libros estuvo dedicado a la isla de Sajalín, mientras que otra de sus novelas transcurre en Rusia.
En su obra más reciente, Kamalakaran sigue el rastro de personajes famosos que visitaron la ciudad de Colombo, “saborearon su excelente té y contemplaron sus atardeceres carmesí”, y reflexiona sobre los recuerdos que se llevaron tras su paso por la isla.
“Desde mi primer viaje me interesaron las conexiones internacionales de Colombo y sus vínculos históricos con el resto del mundo”, afirma Kamalakaran. “Este libro es un intento de mirar Colombo (y Sri Lanka en su conjunto) en la época dorada de los barcos de vapor y los viajes oceánicos, a través de las historias de figuras internacionales conocidas que visitaron el puerto”.
Antón Chéjov
Chéjov se detuvo en Sri Lanka solo 58 horas en 1890, cuando regresaba a casa desde la isla de Sajalín, donde había investigado una colonia penitenciaria zarista. Su ruta pasó por los puertos de Hong Kong, Singapur y Colombo, y este último fue el que más alegría le proporcionó de todo el largo viaje.
«Ningún visitante del pasado es hoy más celebrado en Sri Lanka que el escritor y dramaturgo ruso Antón Pávlovich Chéjov. Su justificada definición de Ceilán [antiguo nombre de Sri Lanka – N. del Ed.] como “paraíso” es muy recordada y aparece en numerosos folletos turísticos».
Los hoteles Grand Oriental y Galle Face incluso compiten entre sí afirmando haber alojado a Chéjov, y ambos cuentan con placas en su honor. En sus memorias hay incluso una leve insinuación de que tuvo un encuentro romántico con “una india de ojos negros” en algún bosque de cocoteros.
Chéjov también llevó consigo varias mangostas desde Sri Lanka y las tuvo como mascotas durante un tiempo, antes de donarlas al Zoológico de Moscú.
Nicolás II
En 1891, Nicolás (entonces aún heredero al trono, no emperador) pasó 12 días en Sri Lanka como parte de su gran viaje asiático, que lo llevó hasta Vladivostok, donde participó en la ceremonia de inicio de la construcción del ferrocarril Transiberiano.
Sri Lanka, entonces parte del Imperio británico, rindió todos los máximos honores al príncipe ruso. Fue recibido con una abundante decoración de frutas y con un retrato suyo pintado por la esposa del jefe de aduanas de Colombo. Multitudes de espectadores observaron a Nicolás y a su séquito recorrer las calles. Se alojaron en la Queen’s House, la residencia oficial del gobernador.
“Hubo una expectación especial por esta visita entre la población de Colombo, ya que se decía que los invitados reales podrían llegar en un crucero naval blindado ruso, algo que los habitantes de la ciudad nunca habían visto”.
Nicolás recorrió la isla, visitó sus templos y lugares más emblemáticos, una fábrica de té e incluso presenció la exótica tradición de la captura de elefantes. El tiempo que pasó en la isla fue considerado un éxito diplomático.
Nikolas Roerich
Este auténtico artista ruso estaba profundamente interesado en el budismo y, en 1923, cuando viajó a la India, hizo una escala en Ceilán. Al desembarcar en la isla, le sorprendió encontrar un puerto moderno lleno de europeos, cuando esperaba ver antiguas pagodas budistas.
Aun así, visitó el templo de Kelaniya, el Templo del Diente, Mount Lavinia y la antigua capital de Anuradhapura, y quedó maravillado por cada uno de esos lugares.
Esta breve estancia dejó huella en su obra artística, ya que en 1931 Roerich creó un cuadro titulado Ashram.
“La pintura muestra altos bambúes, separados de una colina por una masa de agua verdosa y una pequeña embarcación. La mayoría de los estudiosos de la obra de Roerich cree que el escenario del cuadro es el Jardín Botánico Real de Peradeniya”, escribe Kamalakaran en su libro.