Cuando los barcos rusos llevaban un espolón para embestir al enemigo
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El "tarán" (таран en ruso), como se denomina en ruso, era una prolongación reforzada de la proa destinada a golpear el casco del adversario, preferiblemente por debajo de la línea de flotación.
Como leemos en Tres siglos de la flota rusa, de Vladímir Zolotariov e Ígor Kozlov, la aparición de los primeros acorazados hizo pensar que esta antigua arma naval podía volver a resultar útil. La artillería tenía dificultades para perforar las nuevas corazas y el espolón se extendió por numerosas armadas, incluida la rusa.
Una batalla puso de moda los espolones
El acontecimiento que convenció a muchos almirantes ocurrió en 1866. Durante la batalla de Lissa, el acorazado austríaco "Erzherzog Ferdinand Max" embistió al italiano "Re d'Italia". El espolón abrió su casco y el buque terminó hundiéndose.
Según explican Zolotariov y Kozlov, después de Lissa comenzaron a construirse en distintos países acorazados preparados para utilizar el espolón.
Rusia no fue una excepción.
Un arma de dos metros bajo el agua
Uno de los mejores ejemplos fueron los acorazados rusos de la clase "Poltava": "Poltava", "Petropavlovsk" y "Sevastopol".
Según explican Serguéi Suliga y Serguéi Balakin en su monografía sobre estos barcos, su espolón sobresalía unos dos metros por delante de la roda y estaba reforzado estructuralmente.
El ‘bozal’ de Makárov
El espolón también tenía un inconveniente: un barco preparado para perforar al enemigo podía hacer lo mismo accidentalmente con un barco amigo
El célebre almirante Stepán Makárov ideó una curiosa solución para evitar que le pasase algo así. Colocaba sobre el espolón de su barco una enorme defensa fabricada con esteras y cabos para amortiguar posibles choques durante las maniobras.
La bautizó "namórdnik" (намордник), es decir, "bozal".
Como relata Serguéi Semánov en su biografía de Makárov, durante una estancia en un puerto extranjero un oficial británico se sorprendió al descubrir aquella protección y Makárov tuvo que explicarle para qué servía.
El final del espolón
La mejora de la artillería naval, el aumento de las distancias de combate y el perfeccionamiento del torpedo hicieron cada vez menos razonable acercar un enorme acorazado hasta poder golpear físicamente al enemigo.
Según explica el historiador naval ruso Rafail Mélnikov, el entusiasmo provocado por Lissa se prolongó durante décadas, hasta el punto de que todavía se realizaban ejercicios relacionados con ataques mediante espolón en la década de 1890.