Los aerostatos de observación, los ‘ojos’ de la artillería soviética en la Gran Guerra Patriótica
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Los aerostatos de observación (АН, aerostaty nabliudéniya) eran globos cautivos dotados de una barquilla para los observadores. Desde varios cientos de metros podían descubrir posiciones ocultas desde tierra, seguir los movimientos enemigos y transmitir información a las baterías. La propia Gran Enciclopedia Soviética resumía sus funciones en dos tareas: reconocimiento artillero prolongado y corrección del fuego.
Su principal ventaja era permanecer durante largos periodos sobre una misma zona. A diferencia de la tripulación de un avión, el observador disponía de un puesto relativamente estable desde el que estudiar el terreno y comunicarse continuamente con la artillería. Como destacan en la Revista de Historia Militar, esta característica resultaba especialmente útil para atacar objetivos que no podían verse desde tierra.
Durante la Gran Guerra Patria su actividad alcanzó unas dimensiones considerables. Las unidades soviéticas de aerostatos de observación, según datos de Rússkaya Línia, realizaron 19.985 ascensiones y acumularon 20.126 horas en el aire. Sus observadores localizaron 4.617 baterías de artillería, 155 columnas de tanques y 506 concentraciones de infantería enemigas.
Pero quizá las cifras más reveladoras sean las relacionadas directamente con la artillería. Los aeronautas soviéticos efectuaron 2.696 correcciones de tiro. Según las estadísticas recogidas por fuentes rusas, estas operaciones contribuyeron a destruir o neutralizar 1.716 baterías enemigas y a dispersar o destruir parcialmente 103 concentraciones de infantería y carros de combate.
Estos aerostatos resultaban especialmente útiles en zonas boscosas o accidentadas, donde permitían elevar al observador por encima de los obstáculos. También acompañaban el avance de la artillería. Una investigación sobre el reconocimiento artillero soviético señala que sus alturas habituales de trabajo se situaban aproximadamente entre los 600 y 1.200 metros, dependiendo de la misión, la meteorología y la presencia de aviones enemigos.
Pero un enorme globo suspendido sobre el frente constituía un blanco muy visible. Los cazas alemanes podían atacarlo y las unidades aerostáticas necesitaban protección antiaérea. El peligro era considerable: durante la guerra, el enemigo consiguió incendiar en vuelo 110 aerostatos soviéticos de observación.
Ni siquiera el creciente dominio soviético del aire acabó con su utilidad. En la batalla de Königsberg de 1945, por ejemplo, los aerostatos localizaron aproximadamente el 9 % de las baterías de artillería y otro 9 % de las baterías de morteros enemigas detectadas por los distintos medios de reconocimiento artillero.