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Los increíbles (e inútiles) barcos-cigarro que un estadounidense quiso vender a Rusia

Puerta a Rusia (Foto: OpenAI)
A mediados del siglo XIX, cuando las grandes potencias experimentaban con toda clase de innovaciones navales, un ingeniero estadounidense llamado Ross Winans estaba convencido de haber encontrado el futuro de la navegación. Su propuesta era tan simple como extravagante: construir barcos con forma de cigarro.

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Ross Winans, uno de los empresarios ferroviarios más importantes de Estados Unidos, creía que una embarcación fusiforme, alargada y con extremos afilados ofrecería una resistencia mínima al agua y sería más difícil de alcanzar por la artillería enemiga. El resultado fueron los llamados cigar ships, unos navíos que parecían más torpedos gigantes que barcos convencionales.

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La idea, explican en Steampunker.ru (https://steampunker.ru/blog/answers/7705.html) llamó la atención en varios países, entre ellos Rusia. El Imperio ruso acababa de sufrir la traumática experiencia de la Guerra de Crimea (1853-1856), un conflicto que había puesto de manifiesto el rápido avance de la tecnología naval. Las autoridades buscaban nuevas soluciones para modernizar su flota y estaban dispuestas a estudiar propuestas poco convencionales.

La conexión rusa de los Winans no era casual. El hijo de Ross, William Louis Winans, trabajaba desde hacía años en proyectos ferroviarios del Imperio y había adquirido experiencia en construcción naval durante la defensa de San Petersburgo en la Guerra de Crimea. Gracias a estos contactos, Ross encontró una puerta de entrada a los círculos técnicos rusos.

Acuarela realizada por August Vasílievich Petzoldt. Se representa el puente de Mstinski de la línea férrea San Petersburgo-Moscú.
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En julio de 1861 presentó oficialmente al gobierno imperial un proyecto titulado War Vehicles on the Spindle Principle (“Vehículos de guerra según el principio del huso”). La propuesta consistía en aplicar el diseño de los barcos-cigarro a buques militares capaces, según Winans, de superar a las embarcaciones convencionales.

Uno de los prototipos fue probado en el río Neva y posteriormente en el golfo de Finlandia. Las pruebas despertaron curiosidad, pero los resultados estuvieron lejos de ser espectaculares. Los especialistas del Comité Técnico de Construcción Naval ruso analizaron el invento y concluyeron que sus ventajas eran más teóricas que reales.

‘The Illustrated London News’, 27 de noviembre de 1858, pág. 503. Ilustración grabada del ‘barco-cigarro’ de Winans.
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Según leemos en Alternahistory.ru, los problemas eran numerosos. La forma cilíndrica dificultaba la estabilidad, complicaba las maniobras y planteaba dudas sobre el comportamiento de la nave en mar abierto. Además, el diseño ofrecía pocas ventajas prácticas frente a los barcos tradicionales que ya estaban siendo modernizados con blindajes de hierro y nuevos sistemas de propulsión.

El rechazo ruso no desanimó a Winans. Convencido de que el mundo terminaría reconociendo el valor de su invento, intentó venderlo también a Estados Unidos y a varios países europeos. Construyó nuevos modelos en Inglaterra y Francia, e incluso botó un barco-cigarro en el río Támesis en 1866 para utilizarlo como yate privado.

El yate de vapor Ross Winans, uno de los famosos «barcos-cigarro», construido en los astilleros de Mr. Hogarth en Cubitt Town (Millwall, Londres).
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Sin embargo, la historia terminó igual en todas partes. Aunque algunos de estos extraños navíos realizaron pruebas en el canal de la Mancha y en aguas británicas, ninguno llegó a demostrar una utilidad real. Nunca fueron adoptados por ninguna marina de guerra ni encontraron mercado como embarcaciones comerciales.

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