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‘Arcángel’: el acorazado británico que navegó bajo bandera soviética

Dominio público
En el verano de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, un viejo acorazado británico abandonó las aguas de Escocia rumbo al Ártico. No era una misión cualquiera: el buque iba a ser entregado a la Unión Soviética. Su nuevo nombre sería Arcángel, y durante un breve pero intenso periodo se convertiría en el mayor barco de la flota soviética.

Sin embargo, su historia no había comenzado en el hielo del norte, sino décadas antes, en los astilleros de la Royal Navy.

De orgullo británico a reliquia flotante

El Arcángel nació como HMS Royal Sovereign, un acorazado de la clase Revenge botado en 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Era un producto típico de su tiempo: fuertemente blindado, armado con ocho cañones de gran calibre y concebido para enfrentamientos entre grandes flotas.

Llegó tarde a la guerra y no participó en la batalla de Jutlandia, pero sirvió en la poderosa Grand Fleet británica. Tras el conflicto, continuó activo durante el periodo de entreguerras, operando en el Mediterráneo y el Atlántico.

El Royal Sovereign realizando ejercicios de tiro durante la Primera Guerra Mundial
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Pero el mundo naval estaba cambiando.

En los años 30, el Royal Sovereign ya era un buque superado. Más lento que los acorazados modernos y sin grandes modernizaciones, quedó relegado a tareas secundarias. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, fue utilizado principalmente como escolta de convoyes, un papel muy distinto del que había sido diseñado para cumplir.

El Royal Sovereign en Scapa Flow.
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Un acorazado para la URSS

En 1944, los Aliados decidieron transferir el barco a la Unión Soviética como compensación provisional por la flota italiana prometida tras la guerra. Así, el Royal Sovereign fue entregado a la Marina soviética y rebautizado como Arcángel.

El cambio no fue solo de bandera, sino de entorno.

El buque pasó de las relativamente templadas aguas del Atlántico a uno de los escenarios más duros de la guerra: el Ártico. Allí, su misión sería vital.

El Royal Sovereign ya convertido en Arcángel
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Guardián de los convoyes árticos

Durante la guerra, los convoyes aliados que transportaban suministros a la Unión Soviética a través del océano Ártico eran un objetivo prioritario para Alemania. Submarinos, aviones y buques de superficie acechaban constantemente estas rutas.

El Arcángel fue asignado a la escolta de estos convoyes, operando desde bases en la región de Kola y patrullando el mar Blanco. Como buque insignia soviético en la zona, cumplía una doble función: por un lado, proteger los convoyes aliados en su tramo final y, por otro, disuadir posibles ataques alemanes con su sola presencia. Aunque no participó en grandes batallas navales, su papel fue estratégico. En un entorno donde cada convoy era crucial para el esfuerzo bélico soviético, su artillería pesada representaba una amenaza considerable para cualquier atacante.

30 de mayo de 1944: el acorazado soviético Arcángel.
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Problemas en el hielo

Sin embargo, el Arcángel no estaba preparado para el Ártico.

El barco había sido diseñado para operar en condiciones muy diferentes, y esto se hizo evidente rápidamente. Carecía de sistemas adecuados de calefacción, sus mecanismos sufrían con las temperaturas extremas y los lubricantes de las torretas no estaban adaptados al frío. Todo ello limitó su operatividad. En la práctica, el acorazado funcionó más como una plataforma de disuasión que como un buque plenamente activo en combate.

A pesar de estas limitaciones, logró cumplir su misión sin sufrir daños graves, aunque los alemanes intentaron atacarlo en varias ocasiones con submarinos.

En 1949, la Unión Soviética devolvió el buque al Reino Unido. El estado del barco era muy deficiente: equipos deteriorados, sistemas inutilizables y un desgaste evidente tras años de servicio en condiciones extremas. La Royal Navy no dudó en su decisión. Ese mismo año, el antiguo Royal Sovereign fue enviado al desguace.